Zapatillas, pantalones cortos y una mínima musculosa. El atuendo se encuentra listo, presto a ataviar a su propietario, don Victorio González, un atleta de 81 años que se dispone a cumplir con su impostergable entrenamiento bajo el tibio sol santiagueño. Los años, las canas y un cuerpo que ya no es el de antes, no lograr quebrar su fuerza de voluntad, esa que lo ha convertido en un verdadero ejemplo de vida y fortaleza.
“Comencé jugando al fútbol a los 30 años. Estaba en la categoría A, jugando con los veteranos, pero tuve algunas lesiones. Después, cuando me recuperé, conocí a un señor, Nico Sorribas, que corría y practicaba el atletismo. Él me decía que tenía que dejar el fútbol, que yo iba a andar bien en el atletismo porque tenía mucha resistencia”, recuerda, evocando sus comienzos.
El paso del tiempo y la fuerza de voluntad
A pesar de su longevidad y de las huellas que el paso del tiempo han dejado en su cuerpo, don Victorio revela se siente joven en su mente y su corazón. “Me veo en el espejo y desgraciadamente uno físicamente está muy deteriorado. Pero quiero hacer lo que hacía. Me siento con fuerza, y lo más importante, con voluntad, que es lo que se necesita para todo. Uno debe exigirse, hace falta hacerlo”, asegura.
Este increíble deportista asegura que el atletismo ha sido para él “una obligación y un vicio”, en partes iguales, evidenciando su devoción por el deporte y la vida sana.
“Actualmente entreno pasando un día. Pero me siento incómodo, nervioso, como si algo me faltara. Esta, es la vida que haré hasta que me digan, bueno viejo, hasta aquí llegaste”.





