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Semana 138 (22 al 28/06/09)
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Junio 2009
 Editorial
 10 mejores noticias de la semana

Salir de las sombras

El panorama electoral capturó la atención de casi todos los asuntos. Comienza una etapa donde necesariamente la cooperación entre los dirigentes de todos los sectores de la política y la sociedad, debe ser una conducta patrón vista la gran crisis a las que debemos superar.

Entre tantas otras las relaciones con los países vecinos son básicas para consolidar lo señalado precedentemente. Por esto invitamos a reflexionar a partir de esta nota publicada en el Diario de Los Andes y que firma Paul Krugman

Hasta la próxima,
Juan Baez


Por Paul Krugman

Salir de las sombras

Un profundo análisis de la reforma financiera estructural que propone Obama. Virtudes, defectos y sus zonas grises.

domingo, 28 de junio de 2009
¿Se hará lo que se tiene que hacer con el plan para la reforma financiera del gobierno de Obama? Sí y no. Sí, el plan taparía algunos huecos enormes en las regulaciones. Sin embargo, como se ha planteado, no terminaría con los incentivos sesgados que hicieron inevitable la crisis actual.

Empecemos con las buenas noticias.

Nuestro actual sistema de regulaciones financieras data de una época en la que todo lo que funcionaba como un banco, parecía un banco. A medida que se regulaban enormes edificios de mármol con filas de cajeros, las cosas estaban prácticamente bajo control.

Sin embargo, un banco no tiene que parecerlo para serlo. Como lo expresó el verano pasado el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, en un discurso, ampliamente citado, “la banca es cualquier cosa que implique el financiamiento de activos riesgosos a largo plazo y con relativa falta de liquidez con pasivos a corto plazo”.

Ejemplos: Bear Stearns y Lehman Brothers, que financiaron grandes inversiones en títulos de valores principalmente con préstamos a corto plazo.

Y como lo señaló Geithner, para 2007, más de la mitad de la banca de Estados Unidos, en este sentido, estaba manejada por un “sistema paralelo de financiamiento” -otros los llaman “banca en la sombra”- de instituciones en gran medida no reguladas. Estos bancos no bancos, señaló con pesar, eran “vulnerables a un tipo clásico de corrida bancaria, pero sin las protecciones como los seguros de los depósitos que echó a andar el sistema bancario para reducir esos riesgos”.

Cuando cayó Lehman nos enteramos cuán vulnerable era el sistema bancario en la sombra: una corrida bancaria mundial del sistema puso de rodillas a la economía.

Entonces, algo que debe hacer una reforma financiera es sacar de las sombras a la banca de no bancos.

El plan de Obama lo hace dándole a la Reserva Federal el poder para regular cualquier institución financiera grande que considere “sistémicamente importante” -es decir, capaz de crear un caos si quiebra-, sea o no un banco tradicional.

Se mandaría que dichas instituciones tuvieran cantidades relativamente grandes de capital para cubrir posibles pérdidas, cantidades relativamente grandes de efectivo para cubrir posibles exigencias de los acreedores, y así sucesivamente.

Y el Gobierno tendría la autoridad para requisar a dichas instituciones si parecen insolventes -el tipo de poder que la Federal Deposit Insurance Corp. ya tiene en relación con los bancos tradicionales, pero del que carece respecto de instituciones como Lehman o AIG.

Cosa buena. Sin embargo, ¿qué hay del problema más general del exceso financiero?

El discurso del presidente Obama en el que delinea el plan financiero describe el problema subyacente muy bien. Wall Street desarrolló una “cultura de la irresponsabilidad”, dijo el presidente. Los prestadores no conservaron sus préstamos sino los vendieron para que se reempaquetaran en títulos de valores, que a su vez se vendieron a inversionistas que no comprendían lo que estaban comprando.

“Entre tanto”, dijo, “las compensaciones ejecutivas -sin amarras al desempeño de largo plazo ni siquiera a la realidad- recompensó la imprudencia en lugar de la responsabilidad”.

Desafortunadamente, el plan como se dio a conocer no está a la altura del diagnóstico.

Cierto, la propuesta del nuevo Departamento de Protección Financiera al Consumidor ayudaría a controlar los préstamos abusivos. Y la propuesta de que se requiera que los prestadores conserven 5% de sus préstamos, en lugar de vender todo reempaquetando, proporcionaría cierto incentivo para prestar responsablemente.
 
Sin embargo, 5% no es suficiente para desalentar gran parte de los préstamos de riesgo, dadas las enormes recompensas para los ejecutivos de finanzas que contratan ganancias a corto plazo. ¿Entonces, qué se debería hacer con esas recompensas?

En forma contundente, el resumen ejecutivo del Gobierno sobre sus propuestas resalta a “las prácticas remunerativas” como la causa principal de la crisis, pero no dice nada sobre cómo abordarlas.
 
La versión completa dice más, pero lo que dice -“los reguladores federales deberían emitir normas y lineamientos para alinear mejor las prácticas remunerativas de los ejecutivos de instituciones financieras con el valor de los accionistas a largo palazo”- es una descripción de lo que debería pasar, y no un plan para hacer que suceda.

Más aún, el plan tiene muy poca sustancia en cuanto a reformar a las agencias calificadoras, cuya disposición para dar un sello de aprobación a títulos dudosos jugó un papel importante en la creación del lío en el que estamos.

En resumen, Obama tiene una visión clara de lo que estuvo mal, pero además de regular a la banca en la sombra -sin duda nada nimio-, su plan patea la pregunta de cómo evitar que vuelva a suceder, dejando las decisiones difíciles a futuros reguladores.

Estoy consciente de las realidades políticas: no será fácil que el Congreso apruebe la reforma financiera. Y, con todo, el plan de Obama sería muchísimo mejor que nada.

Sin embargo, para estar a la altura de su propio análisis, el gobierno de Obama necesita ejercer mucha más presión sobre las agencias calificadoras, y, aún más importante, ser muchísimo más específico sobre la reforma de la forma en la que se les paga a los ejecutivos bancarios. Por Paul Krugman - Servicio de noticias The New York Times - © 2009

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Obama, Bachelet, Lula

La nueva relación entre Estados Unidos y América latina que está en marcha abre promisorias perspectivas para todo el hemisferio y señala un rumbo a seguir, que es de diálogo y progreso.
Cuando el presidente Barack Obama dijo que Chile y Brasil eran los "ejemplos" para América latina, se salió un poco del protocolo y señaló algo así como el camino más acertado a seguir por los países del subcontinente, e incluso por Estados Unidos, y no sólo en cuanto a las relaciones diplomáticas sino también respecto de las políticas internas de cada país.

Obama calificó a la presidenta chilena, Michelle Bachelet –poco antes de recibirla en el Salón Oval de la Casa Blanca, en Washington– ,como "una de las mejores líderes" de la región. Y que no fue una frase puramente protocolar lo demuestra lo que Obama dijo a continuación: "Si se mira cómo Chile ha manejado la recesión, creo que la ha enfrentado muy bien, en parte gracias a los recursos que ahorró cuando los precios del cobre estaban muy altos". Y agregó: "Es una buena lección para Estados Unidos, que, cuando tuvo excedentes, los dilapidó".

Resulta al parecer extraño que el presidente de la nación más poderosa del planeta ponga a un país relativamente pequeño, como Chile, a modo de ejemplo del manejo de la economía y que, de paso, haya hecho una especie de autocrítica respecto de cómo lo hizo Estados Unidos. Pero si se analizan con un poco más de detenimiento las palabras, se verá que lo que dijo el mandatario norteamericano es coherente. Chile tiene fama de haber seguido una política económica ultraliberal, sobre todo durante la dictadura pinochetista, y de haber llevado a la práctica una apertura total de la economía. Sin embargo, en algunos aspectos y bajo diferentes gobiernos y regímenes políticos, siguió una misma política: el cobre, que es su principal fuente de recursos, no se toca y sigue bajo control del Estado. Pero también el sistema financiero, aunque de un modo más indirecto, está controlado por el Estado, pese la proliferación de bancos y entidades de crédito

Brasil, por su parte, tiene una economía mixta en la que el Estado y el sector privado se reparten responsabilidades, aquél en el control de los grandes recursos naturales como el petróleo y éste en las industrias y servicios. Pero Obama se refería también a otra cosa: a la condición de líderes regionales de Michelle Bachelet y Luiz Inácio Lula da Silva y al manejo que ambos han tenido de las relaciones interamericanas y los conflictos regionales, no obstante lo cual recordó las "diferencias ideológicas" que su gobierno tenía con los de Chile y Brasil, sobre todo en materia de política exterior.

Sin embargo, habría que relativizar un poco eso de las "diferencias ideológicas". Desde hace algunos años, muchos analistas políticos, periodistas y cientistas sociales coinciden en que los demócratas norteamericanos, los socialdemócratas europeos y los reformistas democráticos de Latinoamérica pertenecen a una misma familia, identificada por principios básicos comunes en materia política, económica y social. De ahí que entre un político de la estatura de Barack Obama y estadistas como Lula da Silva y Michelle Bachelet quizá no haya tantas diferencias.

No ocurre lo mismo con otros políticos latinoamericanos más inclinados al populismo y un revolucionarismo que se ha quedado en los límites del discurso, sin pasar demasiado a los hechos. Pero que también se ha quedado sin discurso, pues los detractores del imperio (americano) no tienen argumentos desde que Obama asumió la presidencia de Estados Unidos.

En todo caso, de lo que se trata es de admitir que el mundo ha cambiado, para bien y para mal. Para bien, porque hubo un cambio de rumbo muy importante en los Estados Unidos, que planteó una nueva relación –más fructífera y política– de aquella gran potencia con América latina. Y para mal porque la crisis financiera y económica internacional, originada en los Estados Unidos en las postrimerías del gobierno de George W. Bush, sigue golpeando sin piedad a todos los países del mundo, aunque haya algunos tímidos signos de recuperación.

En este escenario, una nueva y creativa relación entre Estados Unidos y América latina es de vital importancia.

Publicado en LAVOZ.com.ar - Ver nota original

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Equipo Aristotelizar2Esta edición ha sido preparada por:
Federico Fiorentino y Florencia Fiorentino.

Diseño:
Ignacio Nelson de subwaydesign (www.subwaydesign.com.ar)

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