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Arrancó Vinandino con los vinos de consumo diario como nueva categoría

"Se merece una plata dorada", bromea uno de los mendocinos que integran la mesa; "…o un oro plateado", se prende Juan Carlos, un periodista llegado de Londres, en un debate sobre el puntaje del vino que acaban de catar.La anécdota pinta el clima de camaradería, pero no por eso menos profesional, reinante ayer durante la primera jornada de la IX Edición de Vinandino, que se desarrolla hasta mañana en el hotel Sheraton.Después de haber puntuado 150 en San Juan, fueron casi 200 los vinos degustados a ciegas por los jueces durante la apertura del reconocido concurso internacional que desde 1993 se realiza cada dos años en la provincia.

Y que en esta ocasión transcurre con una novedad: por primera vez los llamados "vinos de todos los días" tienen una categoría propia, con 40 ejemplares en competencia, entre tetras y botellas. Los que están en góndola a menos de $ 5.

Varios de los degustadores profesionales destacaron su inclusión, por lo que representan en el consumo mundial. En total, son 18 jueces (diez extranjeros de cuatro continentes, y el resto argentinos) que hasta mañana deben calificar 832 vinos enviados de 215 establecimientos. Todos en carrera por obtener una Gran Medalla de Oro.

"Hay una importante presencia de vinos de todo el mundo, lo que prueba que en su novena edición Vinandino ha logrado un carácter internacional muy fuerte", señaló el director general de la OIV, el italiano Federico Castellucci, una de las autoridades que preside las mesas de cata.

Alrededor de 600 argentinos, seguidos por los brasileños (40), Chile, Uruguay, Rumania y Alemania (10 vinos de cada país), forman el lote más numeroso de participantes, de los cuales más del 50% son tintos. La paridad en el nivel es notable: casi no hubo desacuerdos en la evaluación, lo que quedó plasmado en la baja dispersión de puntajes (sólo 4 ó 5 puntos entre máximos y mínimos).

Opinan los expertos

Juan Carlos Rincón es un periodista que escribe para la revista británica Decanter y ha sido juez de distintos concursos. Asegura que "Vinandino es uno de los pocos concursos que siguen normas de la OIV, con un balance entre el juicio técnico y el del consumo que sostienen sommeliers, periodistas y gente de las bodegas. Eso permite tener todas las visiones del mercado".

Desfilaron vinos tranquilos, espumantes y dulces naturales. A ellos se sumarán hoy aguardientes (en su mayoría peruanos y bolivianos). En San Juan pasaron los licorosos y de consumo diario.

"Lo más destacable es que aumentó la calidad de las muestras, y la vara para medirla es mayor. Hay degustadores de todas partes del mundo, lo que implica que todo lo que salga de aquí va a ir a todo el planeta. Los productores deben convencerse que el camino es exportar en base a calidad primero y luego a precio. Y las bodegas no deben temer a poner a competir a sus vinos ícono, porque sus nichos no son muy grandes", considera el enólogo chileno Sergio Correa, otro de los presidentes de mesa y conocedor de Vinandino.

En el debut de la categoría "Vinos de todos los días" en Vinandino se inscribieron 40 ejemplares, con presencia predominante de la zona Este y Centro de Mendoza, San Juan, La Rioja y Córdoba. La nota curiosa es que el único vino extranjero inscripto proviene de una firma de Bolivia.

"La idea es instalarlo y trabajar sobre esa franja de consumo para elevar el piso, pero el nivel de respuesta fue muy bueno", precisó la directora técnica de Vinandino, Claudia Quini, quien reconoce que se los califica con "mayor flexibilidad. El criterio básico pasa por encontrar un vino sin defectos ni descuidos en la elaboración y el óptimo responde lógicamente al de máxima calidad y valor aromático, por ejemplo".

Los especialistas extranjeros difieren en cuanto al rótulo. "Forman parte del espectro vitivinícola a todo nivel sobre todo en América Latina. En Europa, salvo España, Portugal o Italia, no son demandados, pero sería interesante ver la apreciación que puede haber en mercados asiáticos como Vietnam, Tailandia, Singapur, aunque la decisión comercial dependerá de los costos de logística en relación a su precio más accesible", opinó Rincón.

Luis Otero, de la Academia Mexicana del Vino, critica la categorización. "En 2001 en México había unas 2 mil etiquetas y hoy superan las 20 mil, pero el consumo no creció igual. Para ganar consumidores se necesitan más vinos fáciles de beber y no tanta distinción: además, si el vino no se hace para beber todos los días, entonces ¿para qué?".

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