Puede que en esta Navidad, cuando estemos brindando, pensemos en que debajo del árbol hay regalos esperándonos.
También puede que, en el mismo instante en que abramos esos regalos, lamentemos que aquella tía, no tan lejana, no haya abandonado el camino de la sana costumbre y descubramos, en el interior del paquete que nos entregue, un par de medias, igual al de todos los años.
Y es probable, quizá, que cuando compremos fuegos artificiales, pensemos que la Navidad es fascinante. Y puede también que, en el mismo momento en que veamos la bola más grande explotar en el cielo, creamos que la vida es hermosa.
Y eso es la Navidad que vivimos muchos. Esa es la que yo conocí. Desde el cuerpo y desde la mente.
La Navidad es un encuentro familiar, “el gran encuentro familiar”. Y es además brindis, regalos y fuegos de artificio.
La Navidad es lo que esperamos durante el año. Porque tiene aroma a magia; ese perfume que viene de las estrellas.
Es el polvo de Papá Noel, Santa Claus, o como sea, que nos llena de alegría. Es la fiesta de la magia y la esperanza.
Por eso es probable que brindemos y nos llegue esa magia. Y puede que abramos los regalos y allí esté la magia. Esa magia. La magia de Navidad. La magia descartable.
Esa magia que se compra… que viene con cincuenta por ciento de descuento en las tiendas. La magia que se esconde en el “Happy Hour”, la que se paga en cuotas. La magia que es para pocos, aquella que muchos no alcanzan.
Esa es la Navidad que se vive en muchos lugares, la que no está en las calles, la que no aparece en la parte de abajo. Esa que siempre supe festejar. Aquella distinta a la que viven muchos y que no lleva magia de cartón.
Y esa Navidad, la otra, la “obscura”, la desconocida, es la que viviré este año; lo he decidido así. La llevaré en cuerpo y mente.
En esa Navidad pensaré cuando brinde a las doce de la noche del veinticuatro, esa Navidad sentiré a la hora de abrir mis regalos… porque será esa la Navidad que muchos tendrán cuando exploten los petardos… esa, la de las cenas a medias, la de los regalos inventados, la de las esperanzas quebrantadas, la de los llantos, la que viven aquellos que piensan en la magia de estas fechas, sólo cuando imaginan un mundo más justo. Un mundo donde Papá Noel, Santa Claus o como sea, les pueda dar a sus hijos lo que merecen. Un mundo simple, donde el pan dulce y el turrón alcance para todos.


Muy duro y muy cierto lo que decis en la nota… la esencia de la navidad se pierde entre las compras, los regalos, Papa Noel…Muchas veces, paradojicamente, termina creando discordias familiares, cuando debiera ser un momento de reencuentro, de festejo, de alegria, de reflexion…
En muchas casas, aunque sobren los turrones y el champagne, falta el amor y la union, que muchas veces abunda en aquellas donde se brinda con jugo. Me gustaría extender el mensaje de reflexión, para que esta navidad todos puedan detenerse al brindar y mirar a los ojos a quienes tienen alrededor, reencontrando ese motivo por el cual alguna vez se decidio festejar navidad en compañía de los seres más queridos…
Genio, conincido con vos… creo que deberíamos destinar más tiempo en pensar y obrar para que todos los chicos puedan tener una navidad feliz… y me pregunto, que hicimos nosotros ésta navidad para que un chico más sea feliz?? hoy mismo me pongo en campaña. Me dejaste pensando. Muchas gracias y un gran abrazo.
Mati
Me alegra que haya provocado eso en vos… y estoy dispuesto a colaborar con lo que emprendas…
Saludos…
Federico
Creo que lo fundamental es que detrás de toda esa parafernalia que supone la Navidad, puedan imponerse los pensamientos sensibles que reconocen que todo es una puesta en escena del CONSUMISMO, al cual se rinde tributo arrasando los shoppings, reventando las Tarjetas de Crédito y creando una escenografía con papás noeles ( un ícono foraneo ) regalos, brindis, bombas de estruendo …. ! Hay realidades de abandono, soledad y marginalidad que ni el ruido de la pirotecnia pueden ocultar. Hay muchos niños a los cuales Papá Noel ignora ….
Y hay verbos irremediablemente postergados : compartir, asistir, acompañar, consolar ….
Aunque los medios resaltan la magia de Navidad, muchos solo la ven en sus televisores, para aquellos que tienen. Piensen también en los argentinos que sufren desnutrición, postergación, etc, etc.
Y en los pobres animalitos que sufren la locura de los estruendos.
Me siento más cerca de quienes creen que es una buena oportunidad ( desperdiada por ahora ! ) de acercarte a quien necesita una mano, ó una palabra, ó una fugaz compañia. No sé, rechazo la gran joda que muchos argentinos ponen en práctica, despreciando al resto y enalteciendo su progresivo individualismo.
Noelia: agradezco tu gran comentario… muy buena reflexión.
Estoy de acuerdo con vos en muchas cosas…
Federico.