Palabras dignas de ser escuchadas

Esta semana me sentí obligado, un poco por continuar el debate iniciado la semana pasada en este lugar virtual, a compartir con ustedes esta columna del magnífico periodista Ángel Stival (angelstival@gmail.com). Sepan disfrutarla…

“Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”, dice una maldición atribuida a los chinos. Por Ángel Stival.

Tiempos interesantes

Cuando el Muro de Berlín y las Torres Gemelas seguían en pie, Internet era un tópico de las películas de ciencia ficción y la caída del imperio una expresión de deseos de los grupos de izquierda, circulaba un librito en el que escribían, entre otros, los italianos Umberto Eco (n. 1932) y Furio Colombo (n. 1931). La nueva Edad Media, se llamaba, y contenía profecías acerca de un retorno al feudalismo a partir de la disolución de los estados nacionales, del traslado del poder a manos privadas y de ciertas catástrofes provocadas por el desarrollo incontrolado de las fuerzas productivas.

Por ejemplo, el artículo de Eco titulado “La Edad Media ha comenzado ya” cita a Roberto Vacca e imagina cómo puede producirse un apocalipsis moderno: “Un día, en Estados Unidos, la coincidencia de un atasco en la carretera y de una parálisis del tráfico ferroviario impedirá que el personal de relevo llegue a un gran aeropuerto. Los controladores, sin relevar, vencidos por la tensión mental, provocan la colisión entre dos aviones a reacción que se precipitan sobre una línea eléctrica de alta tensión cuya carga, repartida por otras líneas ya sobrecargadas, provoca un apagón. Como nieva y las calles permanecen bloqueadas, los automóviles crean desórdenes monstruosos, los empleados de las oficinas encienden fuegos para calentarse y se declaran incendios que los bomberos no pueden apagar por no poder llegar hasta ellos. La red telefónica queda bloqueada a consecuencia del impacto de 50 millones de aislados que intentan comunicarse. Se inician marchas por las calles nevadas y llenas de muertos…”.

La apoteótica descripción sigue y cualquiera que haya visto cómo funcionan las grandes ciudades del mundo en horas pico comprende que algo así hubiese podido ocurrir.

Por suerte, el hombre se las compuso de mil maneras para ir frenando el progreso y el crecimiento y hoy, con una inconmensurable crisis global, dio el tiro de gracia a esta clase de desbordes. Sin embargo, aquella desorientación del siglo pasado que permitía imaginar una disolución de la sociedad, una caída de las instituciones tradicionales y el temido caos social, persiste hoy. Y se expresa en formas tan variadas y contradictorias que resulta utópico hacerlas pasar por el tamiz de la razón.

Cualquiera puede elegir su camino para el intento, desde la participación del Estado norteamericano con el 36 por ciento de las acciones en el Citigroup al anuncio de la CIA que previene sobre posibles inestabilidades sociales en Argentina, Ecuador y Venezuela. O con algo más afín a la Inquisición medieval, como la negación del Holocausto por parte de un obispo lefebvrista o la crisis política generada en Italia por la eutanasia de Eluana Englaro.

Todo lo cual no hace sino configurar un escenario coincidente con la famosa maldición atribuida a los chinos: ojalá te toque vivir tiempos interesantes…

© La Voz del Interior

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