Archivo

Como si la historia fuera un círculo


.
Como si no hubieran sufrido mucho esos pueblos.

Como si la historia no los hubiera golpeado más de mil veces.

Como si no se sintieran perseguidos, por quienes creen que el progreso es la respuesta.

Como si el destino no se les hubiera caído encima.

Como si su cultura no estuviera muriendo por la persecución que sufrieron durante muchos años.

Como si no fueran inocentes.

Como si no hubieran exigido nada más que lo que les corresponde.

Como si merecieran el final que tuvieron.

Como si su líder no fuera democrático.

Como si merecieran morir como murieron.

Así actuaron algunos autonomistas de Bolivia… como si los campesinos indígenas no tuvieran años de retraso en la adquisición de sus derechos.

Como si Evo Morales, su presidente democrático, no hubiera luchado por los derechos de su pueblo, por la igualdad.

Así piensan algunos autonomistas de Bolivia… como si el mundo fuera sólo para unos pocos. Como si se tuviera derechos de propiedad sobre la naturaleza. Como si la vida cotizara en dólares. Como si se midiera todo con acciones de bolsa.

Más allá de diferencias políticas, más allá de debates… el final que decidieron darle, concientemente, algunos autonomistas a los pobres indígenas, es indefendible e incomprensible, desde la ley, la ética o la moral.

Esos asesinos autonomistas, que no son todos ni pocos, actuaron como si la vida fuera un juego, como si los intereses económicos valiesen más que las ideas…

Como si la democracia no significara nada, como si no existiese.

Así son algunos autonomistas de Bolivia, paradójicos: asesinan, para defender su derecho democrático de ser autónomos.

Como si la historia fuera un círculo, donde siempre pierden los que nunca antes pudieron ganar.

Claudio es un loco

Parece que Claudio está loco.

Parece que le gusta usar su tiempo para ayudar a quienes lo necesitan. Es un hombre loco, que vive en un mundo, donde no hay muchos locos como él… loco de esperanza y de bondad.

Claudio es músico y le gusta ayudar. Le gusta tocar el piano y le gusta enseñar. Va por la vida instruyendo a docentes de música para que sean como él.

No les enseña música, no les dice cómo deben mejorar su ritmo, su técnica, su pulso. El no los ayuda a ser mejores músicos, porque la música no es su principal preocupación.

Claudio, que es un músico y es un loco, les enseña a sus pares a ser mejores personas. Les dice cómo tienen que hacer para armar orquestas infantiles y juveniles, que les permitan a los chicos pobres a salir un poco de su cruel realidad.

A través de la música les da una esperanza, los saca de las calles, los aleja del delito, la violencia. Les enseña un camino posible.

Porque la música tiene ese poder. La música es arte, y el arte puede llevarnos a lugares nuevos. El arte debe ser una herramienta de lucha social, y eso Claudio lo sabe muy bien.

Con cada nota, con cada tono, aporta su grano de arena. Porque es fácil si se quiere. Sólo hacen falta buenas intenciones.

Revolución significa mejorar las cosas, por eso no hay que temerle a esa palabra. Se puede ser revolucionario en cualquier ámbito de la vida, siempre que se quiera mejorar lo que está mal. Claudio es un revolucionario, porque reforma lo que está mal. Arregla lo roto. Zurce lo descosido.

Claudio es un revolucionario y es un loco, porque dedica su tiempo a mejorar un mundo, donde casi todos piensan en uno mismo. Pone su granito de arena con su tono y ritmo. Hace lo que puede y eso es mucho.

Claudio es un loco.

¿Claudio es un loco? Si Claudio es un loco, el mundo, definitivamente, está demasiado cuerdo.

Ver nota que inspiró esta columna:

El pianista que busca alejar a los chicos humildes de la calle

Cinco años que son un siglo

Una vez… hace no mucho tiempo, leí un informe, en una revista de ciencia, que decía que nuestra esperanza de vida va aumentando a medida que pasa el tiempo. Así como nuestros antepasados vivieron un promedio de cincuenta o sesenta años, nosotros llegaremos a vivir más de cien. Va de suyo que los científicos autores de ese artículo no estuvieron nunca en el Conurbano Bonaerense.

Una encuesta realizada recientemente por el Ministerio de Desarrollo Social Bonaerense demuestra que el 35% de los jóvenes de entre 15 y 20 años cree que morirá en menos de 5 años. Eso nos baja un poco el promedio de esperanza de vida.

Estos científicos no se dieron cuenta que había chicos que no pueden imaginarse con 30 años. Los científicos olvidaron que la pobreza mata, y que la muerte, por definición, va en contra de la esperanza de vida.

Quizá nuestro cuerpo humano haya evolucionado como para vivir más de cien años, pero aún no hemos evolucionado socialmente. La miseria y la explotación del hombre están a la orden del día.

Es imposible pensar en vivir cien años si se tiene que juntar cartón para comprar comida. Es imposible vivir cien años si los chicos consumen más drogas que proteínas.

Es imposible que un chico pretenda vivir un siglo si deja de ir a la escuela para vender estampitas en el subte. Es imposible vivir cien años en la Argentina.

Es imposible vivir cien años en esta América Latina, cada vez, más explotada. Es imposible, hacerlo en este mundo tan desigual.

Es ridículo pensar tanto futuro si se tiene la cabeza ocupada en cómo salir del agujero.

Es ridículo pretender que la vida sea más larga que antes, si hay gente que sufre cada uno de sus días.

Es injusto, para todos, que sigamos pensando en vivir más años, si aún no aprendimos a vivir bien los que ya tenemos.

Es totalmente injusto leer que los chicos no tienen esperanzas de ningún tipo.

Es inútil hacer informes como ese o buscar formulas para alargar nuestros días. Después de todo… la respuesta está en la política y en la lucha social, y no en una gaseosa Light o en un yogurt de bajas calorías.

NO voy en tren, NO voy en avión

Gastar en el transporte parece ser la ecuación de esta nueva etapa del gobierno K. Y digo bien… gastar. Porque, tanto en el proyecto del tren bala como en el traspaso de Aerolíneas Argentinas a manos estatales, no se está invirtiendo un sólo peso, pero sí se están gastando muchos.

Que Aerolíneas debe ser una empresa estatal, eso es cierto. Estoy de acuerdo con el Gobierno en eso. Pero es verdad también que no debe pagarse una deuda que no nos pertenece. Comprar una empresa endeudada y fundida por un grupo económico que prometió sanarla no es justo. Debería ser Marsans quien se haga cargo del déficit de la empresa. Ellos fueron quienes vaciaron ilegalmente a Aerolíneas.

Y bueno, el tren bala ya es tema aburrido. No les alcanzaron los cientos de miles de firmas que se juntaron en la iniciativa “Tren para todos”. No les alcanzó que la gente, que el pueblo les dijera que están equivocando el camino.

En cambio, sí les alcanza con ser socialistas (o repartir bien el ingreso) solamente en el discurso. Porque un tren bala, que usarán pocos argentinos, es elitista. Eso no es distribución del ingreso. Porque es gasto sin sentido y no es inversión. Como tampoco es inversión comprar una empresa fundida, que nunca debió dejar de ser estatal, tan sólo por el simple hecho de que nunca funcionó mal, o que jamás fue deficitaria.

Algunos servicios deben ser estatales. En teoría, para este humilde servidor, deberían ser todas estatales, siempre y cuando contemos con la experiencia necesaria como para hacerlo. Como hoy pasa con el correo o con el agua. Esos fueron aciertos del Gobierno, pero no quiere decir que ellos sean infalibles… porque en esta le están errando.

Somos muchos quienes queremos una aerolínea verdaderamente argentina, en manos del estado. Pero no queremos regalar la plata. El dinero debe invertirse y no regalarse. Que las deudas las paguen quienes las deben pagar. Porque el dinero hay que usarlo para cosas más importantes… como construir un sistema de ferrocarriles eficiente y para todos, o techos para todo el pueblo, para quien no tiene, para quien le hace falta. O lo que pueda comprarse con dinero, que pueda apagar, aunque sea un poco, el fuego de marginalidad en el que viven muchos hombres de nuestro país… esos hombres que ya no pueden andar porque están fuera del sistema.

Hay que invertir en transportes y mejorar las comunicaciones, es verdad. Pero podemos comenzar por comunicarnos con aquellos, que hace tiempo que no son escuchados.

TVeo mal, muy mal

El minuto a minuto va marcando nuestro camino. Quienes disfrutamos de ver televisión estamos cada vez más atados al minuto a minuto.

Los canales de aire nos presentan programas de televisión que dejan mucho que desear en su calidad en producción y contenido, y nos convierten en responsables del bajo nivel televisivo con la excusa del rating.

Somos nosotros, dicen ellos, quienes elegimos estos programas. Estos programas por los que desfilan la morbosidad y la falta de ética. Programas que refuerzan estereotipos sociales, que dejan a la mujer en un lugar que no le corresponde: como objetos sexuales, como el caso de “Show Match”; programas que muestran lo más bajo de la sociedad como elemento de comicidad, como “Cámara Testigo” o “Policías en acción”. Y somos nosotros quienes los elegimos, eso dicen ellos.

Utilizan el discurso del rating, para no sentirse responsables de lo que ofrecen. Nos echan la culpa a quienes miramos televisión. Pero la verdad es que no nos ofrecen nada más. Nos dan contenidos para no pensar, para no ser críticos de lo que vemos.

Lejos quedaron aquellos programas donde se nos llamaba a reflexionar, donde nos hacían reír con contenidos artísticos. Lejos están los programas políticos con periodistas comprometidos…

Que alguien como Jorge Lanata esté fuera de la televisión es una clara muestra de lo que buscan los productores y los jefes de programación de los canales.

El camino del minuto a minuto nos ofrece una aparente diversidad de oportunidades y monótonos contenidos. Todos los canales se jactan de ser creativos, pero cada vez más la televisión se llena de lo mismo. Se repite, una y otra vez, en un camino que nos llevará a todos a la sumisión.

Si seguimos este camino, el arte y la crítica política abandonarán definitivamente la programación, para convertirnos en seres entretenidos, predispuestos al consumismo y carentes de todo sentido crítico, moral y ético.

La morbosidad nos conquistará, porque ya perdimos el poder de apagar el televisor, para pensar por nosotros mismos.