Mientras los hombres hacen el mundo, los niños deben estar en la escuela. Mientras los maestros están dictando clases, los niños deben estar escuchando. Mientras los doctores salvan vidas, los niños deben analizar sintácticamente. Mientras los plomeros arreglan cañerías, los niños resuelven problemas matemáticos.
Las mujeres allí, en sus trabajos, o en sus casas. Y los niños en el colegio. Nada parece más simple. Mientras los diputados crean leyes para que el país crezca y los comerciantes hacen crecer la economía, los niños deben estar estudiando.
Los barrenderos en su trabajo, y los niños en su pupitre. Cada uno en su lugar. Cada cual en su sitio.
Los hombres haciendo el mundo y los niños aprendiendo.
Los niños deben estudiar, porque deberán hacer el mundo en el futuro. Mañana será su tiempo. Y para eso deberán estar listos. Y lo estarán, si hoy van a la escuela.
Los conductores de colectivos en su vehículo, los porteros en las puertas, los policías en las comisarías y en las calles, y los niños en la escuela ¿No parece fácil? Los hombres trabajando. Y los niños estudiando. Así de simple es la vida. Así de simple se construye el mundo.
No hay grandes ecuaciones, no hay misterios siquiera. Es más tonto de lo que parece: los adultos trabajan y los niños, no. No hay que ser genio para saberlo. No hace falta un doctorado para darse cuenta. Los niños no trabajan. O, por lo menos, no deberían hacerlo.
Porque mañana deberán trabajar, porque ya serán adultos. Ya no serán niños, y deberán trabajar para hacer el mundo, porque los adultos sí trabajan. Son los niños los que no deben trabajar. Lo sabe cualquiera.
Los niños no trabajan.
Es claro como el agua: el martillo va en la mano grande y el lápiz, en la pequeña. Los hombres trabajan, hacen el mundo, los niños, en cambio, estudian. O deberían estudiar.
Las cosas deben estar en su lugar… todos sabemos que no hay niños doctores, sabemos que no hay niños bomberos, ni pequeños policías. Eso no sería posible, es inaceptable. Pero, en cambio, aceptamos niños cartoneros, aceptamos niños mendigos, aceptamos niños malabaristas, aceptamos niños músicos ambulantes, niños ladrones, niños adultos.
Y eso es malo, es muy malo, porque los niños deben estar en la escuela.
Los niños deben ir al colegio, deben estudiar mucho. Los niños deben aprender aún más que lo que aprendimos nosotros, para que puedan, cuando les toque hacer el mundo, tener vidas más dignas y saber lo que nosotros hoy no sabemos: que no puede haber ni un sólo niño cartoneando, mendigando, haciendo malabares, o vendiendo estampitas, porque los niños deben estar en la escuela. Ellos sabrán lo que nosotros no sabemos: que los niños no trabajan.


Coincido con cada palabra que has escrito, con tanta belleza y con el corazón en la mano.
Siento ese mismo dolor en el alma cada día cuando camino por la calle.
Aunque hay mucho que cambiar en la escuela, primero tienen que estar los niños ahí dentro. ( en mi web inserté un artículo de Iván Ilich sobre eso. Illich que tanto promovió el movimiento para desarmar las escuelas, ahora habla de lo duro que es entender que primero necesitamos educación para todos) En realidad , yo creo, tanto como él, que todo se integra, porque la misma estructura que hace sentir presos a algunos chicos detrás del pupitre, tratando de adaptarlos a un sistema que se desploma y se pudre, es la que mantiene a una clase social sub-alimentada, sub-educada, para que los sigan votando ” porque vieron la linda pelicula que pasaron por la tele”
Federico:
Agrego aqui mi web, para todo el que quiera participar con sus comentarios. Por supuesto es una puerta abierta para todo lo que quieras publicar o enlazar.
http://concretar.tripod.com/id30.html
Gabriela, estoy de acuerdo contigo en lo respectivo a la educación.
En cuanto a tu sitio, me ha gustado en una primera impresión… me tomaré el tiempo necesario para contestarte como te mereces…
Saludos
Federico