Hombres que duermen bajo el cielo

Últimamente, cuando escuchamos análisis críticos de la actualidad política, oímos declaraciones de indignación por la falta de inversión o por los actos de corrupción. Cuando se le pregunta a la clase media qué es lo que menos le gusta sobre el actual gobierno, o lo que más le disgusta, ésta menciona la inflación o la falta de crédito.Por otro lado, escuchamos hablar al oficialismo sobre dudosos números otorgados por el INDEC. Bajó el desempleo, la inflación es menor de lo que parece y el crédito y la industria mejoran a niveles de otros tiempos. La economía crece a pasos agigantados. Todo parece ir por un buen camino. Pero nos estamos olvidando de algo… La pobreza sigue existiendo. Aún hay gente viviendo bajo el cielo, a metros del Congreso y la Casa Rosada.

Nadie se fija en eso o, para ser más justos, casi nadie. No se escucha como crítica. La oposición no habla de pobreza ni de los excluidos, sino de inflación, de los intereses de la castigada clase media. Y parece que tenemos trastocadas las prioridades. Mientras seguimos construyendo trenes, que nadie usa, en Puerto Madero, o subvencionando la papa, para que muy poca gente se ahorre unos pesos, hay ciudadanos que mueren de hambre, hay gente durmiendo bajo el cielo, sin trabajo ni dignidad.

Y nadie habla de ellos.

No salen de la boca de los políticos; no están en los comentarios de la gente.
No salen en la tele; no están en la casa de Gran Hermano ni “bailan por un sueño”. No salen en las encuestas. Porque son personas que duermen bajo el cielo.

No pueden comprar la papa subvencionada porque no tienen dinero y porque, pocas veces, los dejan entrar a los supermercados.

No están reflejados en los índices del INDEC, porque allí no se ven sus rostros, son sólo números. La tele tampoco nos muestra sus rostros, ni las publicidades.

No figuran en los planes productivos de los partidos, ni conocen la pelea del gobierno con el campo. Porque no tienen nombre, son solo un número. Sólo hombres, que duermen bajo el cielo, sin dignidad, sin rostro.

Las prioridades están trastocadas. Insisto, estamos mal; en algún momento desviamos el camino. Mientras construimos puentes, le “lavamos la cara” al Congreso, hacemos monumentos, subvencionamos empresas que funcionan mal; mientras reparamos calles, tapamos baches de avenidas, hay gente que muere de hambre. Y se que las obras crean trabajo, pero también se que los ladrillos no se comen. Y además son ladrillos que no crean techos, sino monumentos, plazas; esas mismas plazas que habitan los hombres que duermen bajo el cielo. Esos que no aparecen en los índices del INDEC, esos que no salen en la tele.

Estamos trastocados, pero estamos a tiempo. Sólo debemos entender que no es lo mismo una plaza con rejas y bancos nuevos, que un techo o un plato de comida todos los días.

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