“Si no se reprime es un caos”, dijo la diva.
“No se puede tomar un país, no se pueden cortar las calles”, agregó la diva. La misma diva que, sentada en su cómoda mansión de Miami, había exigido la pena de muerte hace un par de años.
Y el diseñador famoso se enojó, después de que lo asaltaran; todos lo entendimos. Pero luego siguió; y algunos dejamos de entenderlo. Sereno, ya lejos de aquel dramático episodio, y organizado, pidió por la pena de muerte, al igual que la diva.
Y el conductor más famoso del país defendió a la diva: “yo hubiera dicho lo mismo que ella”, declaró.
Ellos hablaron, así como habló la diva mayor, la que todos conocemos y que, en algún momento, nos quiso hacer creer de que era de izquierda ¿La recuerdan, allá por el 2003, contenta por la victoria de Kirchner, pregonando de alegría que se venía el “zurdaje”? Quizás no la recuerden… de hecho es lo más probable, y no los culpo, porque nuestro sistema de medios, el actual, no el futuro, tiene como característica principal el desvanecimiento de lo que ya pasó. El sistema de medios y, paradojalmente, como causa y triste extensión, la cultura hegemónica pregona lo banal, lo material, lo que tiene medida monetaria…
Y ahora sí, es momento de hablar del cuarto famoso. Quizás no lo conozcan ustedes, mis queridos lectores. Él, que es famoso por herencia y por dinero, no por esfuerzo ni trabajo; él, que sólo se dedica a promocionar, y publicitar, un estilo de vida capitalista a ultranza, que eleva lo mercantil, lo pagable, lo meramente estético, por sobre lo ético (no confundir con lo políticamente correcto), los sentimientos y lo realmente humano. Quizás no lo conozcan, o quizás sí: es el nieto de un chocolatero muy famoso, y nada dulce tiene en su pensar. Él también defendió, desde su elitista estilo de vida, a la pena de muerte y a la represión.
Quizás algunos se pregunten por qué hablo de esto, otros se estarán preguntando de qué estoy hablando. Es simple: hablo de política. Pero no de políticos, ni de partidos. Hablo de política social ¿Y por qué? Quizás porque estoy cansado de que no se debata en la Argentina, quizás porque estoy cansado de que hablen los famosos sobre la inseguridad, quizás porque estoy harto de que no se discuta nada, quizás porque estoy molesto porque el 90% de la gente prefiere recibir la noticia ya opinada, masticada por los mismos de siempre. Quizás estoy cansado, harto, exhausto de que sean más influyentes Susana Giménez, Marcelo Tinelli , Mirtha Legrand y Ricardo Fort, que periodistas respetables como Jorge Lanata o Carlos Rottemberg, quien, allá por 1998, al ver el camino que tomaba el sistema neoliberal de los años ´90, predijo, en una columna de la Revista La Nación, que “los chicos, como hoy no acceden a la educación, ni sus padres al sistema laboral, saldrán a robar violentamente por las calles, sin valores ni moral”.
De pronto, me dieron ganas de apagar la radio y la tv, pero me acordé de que aún hay periodistas como Jorge Lanata y Victor Hugo Morales, entre otros, que, a pesar de tener antenas cortas, tienen mentes y corazones profundos.

Uno de los tantísimos problemas que tenemos los argentinos, es descalificar a quien opina. Particularmente en este caso, todos sabemos que pedir pena de muerte, pedir represión, etc , no condice con una sociedad que vive en democracia. Cualquiera puede opinar y decir lo que le parece, simplemente mi respuesta a los dichos debe incluir una respuesta al problema que no genere violencia a la violencia. Quiero decir que me gustaría escuchar ó leer que deberíamos recrear las condiciones necesarias para que la educación en el país sea la prioridad número 1 , con obligación absoluta de asistencia a la educación, con personal idóneo que pueda llevar adelante un sistema educativo que concientize a través del tiempo a que minimamente se pueda discernir el bien del mal. Lo digo muy precariamente, solo para aportar algo a éste tan grave problema de la seguridad.
Gracias
Ricardo: estoy de acuerdo contigo en lo que decís al respecto de que hay que respetar las opiniones de los demás, de que todo el mundo tiene derecho a opinar. Soy el primero en levantar la bandera de la libertad de expresión. Pero tengo reservas también… Cuando se usa la palabra pública, no sólo hay un derecho, también hay una responsabilidad, y con ella, debe coexistir ciertos valores universales, como los Derechos Humanos, los cuales, por ejemplo, establecen que el derecho a la vida es inalienable (por eso va en contra de la pena de muerte), así como el derecho a un justo juicio, o a considerar inocente a toda persona, hasta que se demuestre lo contrario (por eso va en contra de la represión indiscriminada). Es verdad que todos podemos opinar. Simplemente, hay que tener cuidado al usar la palabra, sobre todo, en programas para toda la familia.