Esperemos que no pase

Como venimos diciendo hace varios meses… se vienen tiempos duros. La crisis posiblemente nos traiga fríos y sombríos momentos. Hoy nos toca volver a pasar por eso: y van… Tal vez, hasta ya la tenemos un poco clara en esto de sufrir las crisis (eso leí en una columna de la revista Noticias). Hay quienes creen que la crisis es oportunidad; seguramente quienes creen eso son justamente los que no sufren la peor parte de la crisis.

En fin, me remití a la crisis mundial que hoy nos toca padecer simplemente porque, buscando entre papeles viejos y desordenados, encontré esta columna de Mex Urtizberea (uno de mis escritores críticos preferidos), que me hizo reflexionar sobre los peligros que aparecen en tiempos de desesperación económica. Justamente, pensando en esa experiencia, a la que hice mención más arriba, sentía la necesidad de transmitir las palabras que, sabiamente, Mex Urtizberea utilizó para expresar su bronca hacia los efectos producidos por el estado de crisis económica (devenido en crisis social y moral) sobre la parte más “impudiente” (permítanme este inventar este término, es que “menos pudiente” me pareció inexacto para describir a un sector que no puede lograr nada, por estar fuera del sistema) de la sociedad.

El hecho que describe el autor, es una de las cosas que deseo no pasen en estos duros tiempos que se avecinan.

Sepan disfrutar, de alguna paradójica manera, la columna que les ofrezco a continuación:

Vendo mi corazón

“Hay momentos en que, sea cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas.” Víctor Hugo

¿No puede alimentar a sus hijos? Trabaje.

¿No consigue trabajo, o está imposibilitado para trabajar, o no puede trabajar porque tiene niños a su cargo? Venda su casa.

¿No tiene casa propia? Venda su coche.

¿No tiene coche? Pida plata prestada a un banco.

¿Ningún banco le da plata porque usted es pobre? Pida plata a su familia.

¿Su familia es tan pobre como usted? No proteste, no se subleve, no ponga en tela de juicio el sistema que nos rige, arréglese.

Usted tiene un cuerpo.

Alquile su vientre.

¿Se da cuenta de que el mundo no es tan malo, que siempre da posibilidades?

Y no se agotan en su vientre las posibilidades.

Entre en algún sitio de Internet donde pueda ofrecer sus córneas, un pulmón, un riñón, el hígado.

No se estremezca si encuentra allí que un empleado que vive en La Rioja puso en venta sus órganos para afrontar los gastos que demanda el tratamiento de cáncer que padece su esposa, con la que tiene dos hijos chiquitos; o que una chica peruana de dieciséis años ofrece su riñón por setenta mil dólares, porque su familia se está muriendo de hambre, o que varias personas ofrecen subastar todos sus órganos menos el corazón.

Usted también tiene un cuerpo.

Piense que tener un cuerpo es como tener una empresa.

Alquílelo o véndalo por partes.

Empéñelo.

Subástelo.

Todo indicaría que es el negocio del futuro.

El mundo, amablemente, desinteresadamente, les está dejando servido a los pobres este flamante negocio.

De seguir así, habrá mucha gente a la que pronto no le quedará otra cosa que dedicarse a estas operaciones bursátiles de alquiler de sus vientres y venta de sus órganos.

No se puede quejar, no critique al sistema ni a sus dirigentes por la vida que le ha tocado en suerte, usted tiene en su propio cuerpo su salida laboral, puede sacarle provecho.

Arréglese.

¿Usted no tiene nada, nunca tuvo nada, tuvo un poco y ya no lo tiene, pertenece a una clase a la que siglo tras siglo la han despojado de todo?

Despójese ahora de su cuerpo.

Parte por parte.

O, de lo contrario, corte por lo sano: ofrézcase para inmolarse de cuerpo entero por alguna buena causa internacional o nacional en la que se le pague por eso.

Usted tiene un cuerpo y hágalo valer: póngale un valor.

Así va a poder alimentar a sus hijos si no consigue trabajo, o está imposibilitado para trabajar, o no puede trabajar porque tiene niños a su cargo, y no tiene casa para vender, ni coche, ni banco ni familia que le preste plata.

Usted tiene un cuerpo.

Vientre, córnea, riñón, pulmón, hígado.

Arréglese.

Y ya no moleste con sus reclamos.

No sea desalmado.

Tenga corazón.

Por Mex Urtizberea

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