“Nunca fui muy patriota”. Mientras sonaba el himno en ambas plazas, reflexioné…
El sentimiento patriótico nunca supo hacerse eco en mi interior. Siempre he preferido pensar desde categorías más profundas que esa. Tampoco supe dónde encontrar al patriotismo, quizá porque nunca intenté buscarlo.
No soy patriota. No, definitivamente, no soy patriota.
Pero, igualmente, no me gusta ver a mi pueblo dividido. No porque este sea un pensamiento políticamente correcto -que lo es-, sino porque, más allá de haber tomado partido en el debate que reina la opinión de todos los argentinos en estos últimos días -posición que no se ubica ni del lado del campo, ni a favor del gobierno- haber tenido dos festejos patrios enfrentados carcome las entrañas de cualquier nación o proyecto de país que se quiera construir.
Es esencial entender que de este tipo de conflictos se sale únicamente cediendo desde ambas partes, si se busca una salida democrática. Ese es el problema del caso, que de ambos lados se espera un retroceso completo de la otra parte. Y ya no se debaten retensiones ni negocios -eso quizá lo haga el gobierno y algunos representantes del campo-; el pueblo está debatiendo un modelo de país. Eso no hay que pasarlo por alto. Detrás de la discusión, y más allá de las inmorales intenciones de algunos dirigentes y de la pésima distribución de la riqueza -no necesito comenzar a hablar del tren bala-, el pueblo está claramente dividido en dos modelos de país. Uno socialista y redistribucionista y el otro capitalista y liberal. Y aquí no importa si un lado es más grande que el otro. Porque aquí somos todos democráticos -o por lo menos, la mayoría-.
Por eso, es duro ver el país partido en dos, porque más allá del sentido patriótico, está el humano. Y yo quiero, como todos, un lugar para vivir en libertad, en paz, con justicia y en armonía. Y estoy convencido de que Argentina es un muy buen sitio para construirlo.
Es duro vernos partidos en dos. Pero hay algo que me da fuerzas, hay una pequeña luz en la obscuridad… y es que nos estemos involucrando en el debate. Sea del lado que sea, siempre es bueno discutir con ideas. Pero debemos estar atentos y no dejarnos “Himnotizar” por promesas nacionalizantes y hegemonizantes, por discursos oficiales u opositores, que quieren echar por tierra algunos reclamos, y que intentan, por más, convertirlos en secos silencios. Eso nos ha llevado a lugares obscuros en la historia, eso nos llevó a perder la democracia en varias ocasiones, con costos irrecuperables para la sociedad que construimos.
Necesitamos unión nacional, pero no acallando voces. Jamás, obligándonos a pensar de una sola manera. Precisamos paz social, pero siempre desde el diálogo, desde la mayor convivencia posible, a pesar de las claras diferencias ideológicas, que nunca debemos ocultar.

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