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Como si no hubieran sufrido mucho esos pueblos.
Como si la historia no los hubiera golpeado más de mil veces.
Como si no se sintieran perseguidos, por quienes creen que el progreso es la respuesta.
Como si el destino no se les hubiera caído encima.
Como si su cultura no estuviera muriendo por la persecución que sufrieron durante muchos años.
Como si no fueran inocentes.
Como si no hubieran exigido nada más que lo que les corresponde.
Como si merecieran el final que tuvieron.
Como si su líder no fuera democrático.
Como si merecieran morir como murieron.
Así actuaron algunos autonomistas de Bolivia… como si los campesinos indígenas no tuvieran años de retraso en la adquisición de sus derechos.
Como si Evo Morales, su presidente democrático, no hubiera luchado por los derechos de su pueblo, por la igualdad.
Así piensan algunos autonomistas de Bolivia… como si el mundo fuera sólo para unos pocos. Como si se tuviera derechos de propiedad sobre la naturaleza. Como si la vida cotizara en dólares. Como si se midiera todo con acciones de bolsa.
Más allá de diferencias políticas, más allá de debates… el final que decidieron darle, concientemente, algunos autonomistas a los pobres indígenas, es indefendible e incomprensible, desde la ley, la ética o la moral.
Esos asesinos autonomistas, que no son todos ni pocos, actuaron como si la vida fuera un juego, como si los intereses económicos valiesen más que las ideas…
Como si la democracia no significara nada, como si no existiese.
Así son algunos autonomistas de Bolivia, paradójicos: asesinan, para defender su derecho democrático de ser autónomos.
Como si la historia fuera un círculo, donde siempre pierden los que nunca antes pudieron ganar.

Como si no supiéramos que el egoísmo existe y que puede llevarse todo por delante ya que está convencido que suya es la única razón que conoce ¿ como vencerlo? No podremos convencerlo de su error a menos que lo llevemos a la misma situación que deconoce …y quizás entonces, sólo entonces.