Cambiar el mundo

“Cambiar el mundo” puede parecer pretencioso. Reconozco que, a veces, me resulta utópico. Pero, luego, pienso que el mundo- ese extraño lugar donde vivimos y morimos, amamos y odiamos- está en constante cambio. Cada movimiento de cada ser hace que sea distinta la existencia de este planeta y, por tanto, de la vida.Desde chicos aprendemos lo que está bien y lo que está mal; vamos a la escuela; nos graduamos; nos enamoramos y, a veces, nos chocamos con la vida. Luego nos casamos; disfrutamos de nuestro primer trabajo, soportamos el segundo y sufrimos el tercero. Quizá nos divorciamos y, si nos queda valor para cambiar algo nuestras vidas: renunciamos. Cada movimiento tiene escondido el milagro del cambio, la magia de lo inesperado. Pero no sabemos hacer uso de ese milagro. No somos magos, somos espectadores, casi inevitablemente caemos en la rutina. Reproducimos vidas en serie, y le echamos la culpa al mundo, a la suerte o a la deshonestidad de nuestros gobernantes. Y aquí, debo pedir disculpas por generalizar, pero, en el mundo democrático, la verdad camina en paralelo a con lo general, con lo masivo. Parece que la culpa está siempre del lado de la dirigencia. Pero caemos una y otra vez en lo mismo. El mundo sigue igual: con sus cosas malas y con sus cosas buenas. Por eso suena pretencioso querer cambiar al mundo.

Porque no sabemos hacer magia, no podemos controlar nuestras vidas. De eso se encarga el destino, el azar. No podemos cambiar el mundo. Sería necio y muy pretencioso querer cambiar el mundo. No podemos cambiar el mundo. No puedo cambiar el mundo… Pausa.

A palabras necias, oídos sordos. O no entendieron lo que dije: “el cambio está en cada acción individual”, en definitiva: está dentro de cada uno.

No, no se confunda; no me volví loco. No creo tener el poder de cambiar al mundo. No soy un superhéroe, soy sólo un hombre. Y, como soy sólo un hombre, sólo me queda intentarlo. Me gusta intentarlo, porque, así, logro cambiar mi mundo. Que no es poco. Tal vez suene egoísta, pero es todo lo que puedo hacer, porque soy sólo un hombre. Tal vez, usted debería dejar de leer esta columna y comenzar a intentar cambiar el mundo.

“No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”. Mahatma Gandhi

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