Archivo de Junio, 2009

Sensaciones encontradas (o “go home”)

Comienzan a llegar nuevos aires a aquellas tierras, o quizás los más suaves del pasado. La tierra se siente más húmeda cuando es propia. Quizás sea aquella linda sensación: la de saber que se ha hecho justicia, la que trae estos nuevos vientos puros.

Son tiempos de victoria para la comunidad indígena de Perú, que logró que se derogaran las llamadas “leyes de la selva”, que permitían el ingreso indiscriminado y descontrolado de empresas trasnacionales a sus tierras.

Son tiempos de victoria. Se ha logrado el cometido, se ha ganado la lucha. Las tierras siguen siendo de quienes las trabajan. Es verdad, eso es digno de ser festejado… pero no hay que olvidar las tristes bajas de la lucha: 34 muertos y más de 60 desaparecidos son el saldo de la represión del “des-gobierno” de Alan García.

Rozando lo dictatorial, el presidente Alan García dio la orden de reprimir a los protestantes indígenas, que sólo tuvieron, durante poco más de dos meses, el arma de lucha más inofensiva, aunque muy eficaz, con la que cuenta el hombre marginal: la huelga.

A la huelga Alan García le respondió con disparos. Uno detrás del otro. Lo que fue una muestra más del desprecio y la violencia política y social que sufre en Perú y en casi toda América el hombre indígena.

Ya les han pasado por arriba a su cultura durante siglos enteros, les han modificado a la fuerza su manera de vivir. También les han quitado sus tierras… y hoy, tristemente, entrados en el 2009, siguen persiguiéndolos. El fin quizás sea acabar con ellos; con todo vestigio de lo que alguna vez supieron ser. Es triste pero es real.

Hoy son tiempos de victoria y festejo… un pequeño oasis, dentro de un desierto de persecución y avasallamiento económico, político y sociocultural.

Cuándo llegará el día en que los políticos de Perú y de toda América, aunque sea por un rato, dejen de pensar con la billetera…

Se ve que les gusta aprovecharse del más débil. Pero esta vez, los débiles estuvieron un poquito más organizados.

A festejar… y seguir luchando por los derechos del hombre. Y nunca olvidar a los hombres que dejaron su vida por la libertad.

Sentimientos y pareceres imaginados*

Siento que mis fuerzas se desvanecen, con el simple movimiento cotidiano de cada día. Y mientras mis manos parecen más de cien, los ojos se me entristecen por dentro.
Por momentos me siento bien, es verdad; experimento sensaciones que no había sentido nunca: los colores se mezclan, los sonidos se entrecruzan… son diferentes a todo lo que yo conocía. Esto es igual a cómo me lo habían descrito.

Por momentos siento salirme de mi cuerpo, quiero hacerlo. Siento que mi cuerpo es como un caparazón pesado, como una armadura de plomo. Quiero salir… no pienso en otra cosa. Siento que el cuerpo me sobra, y ya no me preocupo por él. A veces, no sé si estoy desnudo o vestido; todo es lo mismo cuando estoy así.

Pero, cuando todo parecía ser genial, comienzo a asustarme. Intento razonar y me doy cuenta de que estoy aislado del mundo. Nada de lo real llega a mí: ni un saludo, ni una caricia, ni un abrazo. Todo eso ya es ajeno a mí, me parece irreal. Mi realidad hoy es otra.

Estoy acostado en mi cama, hundido en un mar de colores que al parecer son hermosos, pero no puedo salir de ahí. Por más que quiera, que lo intente con todas mis fuerzas, no puedo escaparme. Y creo que ya no sirve pedir ayuda, porque mis súplicas están en otro plano, en otra dimensión. Cuando yo lloro, aquí todos ríen; cuando me río, todos me miran seriamente. Estoy fuera de todo y de todos… y eso duele.

Quizás hayan sido buenas las primeras experiencias en este mundo tan virtual, pero ya no quiero verlo más. Recuerdo aquella vez que me ofrecieron el pasaje a este triste mundo; fue muy tentador, no pude decir que no, no supe cómo hacerlo. Hoy sé que pude haber dicho que no, pero ya es tarde para ello…

Es tarde quizás; solo no puedo. Tal vez aún quede alguien que me quiera un poco, que no se me haya alejado, alguien de aquellos buenos tiempos. Ojala que todavía esté cerca; ojala que me extienda una mano, o me de un pasaje de vuelta al mundo de colores fijos, de sonidos conocidos, pero también de aquellos abrazos y esos besos que alguna vez supe sentir.

*Carta inventada de un adicto a las drogas, también inventado.