Archivo de Marzo, 2009

3700 inútiles

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¿Es posible que 3700 inútiles encuentren una gran facilidad para denostar y agredir increíblemente a una mujer?

Es posible que otra mujer vestida de héroe tenga que intervenir para que estos 3700 inútiles dejen de maltratar virtual y simbólicamente a una señora, que quizá nunca se entere del odio que estos hombres y mujeres le demuestran.

Lamentablemente, y a pesar de mi gran esfuerzo, no pude encontrar el nombre de esta mujer agredida en la red. Me hubiera gustado que, tan sólo al publicar su nombre, los medios le devuelvan el honor que algunos de sus conciudadanos le han quitado.

Ella es muda… No puede hablar. Nada más y nada menos. Simplemente no puede hablar. Ella tiene una deficiencia, o como se diga. Digamos que hay algo que no puede hacer: hablar. Como aquellos que no pueden caminar, o aquellos a quienes les falta un brazo, o esos que no pueden mirar o escuchar.

No hace falta hacer un estudio sobre las posibles discapacidades que puede tener un ser humano. No todos podemos hacer todo…

Yo, por ejemplo: no puedo dibujar una persona sin plasmar sobre el papel algo que verdaderamente no se parece a una persona. Suele pasarme lo mismo cuando intento dibujar un perro, un caballo, o cualquier cosa que tenga una forma establecida. Tampoco soy muy bueno con los números; aunque debo reconocer que es una habilidad que nunca me ha hecho demasiada falta. Por más que intente, no puedo estirar mis piernas: mi elasticidad física es la misma que puede tener El David de Miguel Ángel, o El Moisés. Decididamente no tengo buena memoria, quizá esa sea mi mayor deficiencia.

No importa cual sea; todos tenemos alguna deficiencia, alguna carencia en nuestras vidas, y no por eso somos menos humanos. Por el contrario, la imposibilidad de alcanzar la perfección es lo que le da sentido a la vida.

Pero no quiero hacer moralismos, ni darles una clase de ética a estos 3700 inútiles. Quizá sólo me baste con decirles que es verdad, ella tal vez nunca pueda volver a usar sus cuerdas vocales, pero hay otros tantos… no sé cuántos, quizá 3700, quizás más, que jamás podrán usar bien el órgano más importante del ser humano: el corazón.

*Dedicado a Ella (que pide limosna en la esquina céntrica de Alsina y Corrientes de Bahía Blanca).

No soy de aquí ni soy de allá

El fútbol es color. Es alegría; pasión, que se refleja en los colores.

Los colores son el símbolo de identificación de los hinchas.

También están las canciones de cancha. Con aquellas simples rimas que representan las sensaciones y los deseos más puros de las hinchadas.

El fútbol es, sin duda, la pasión argentina más importante, masiva y representativa de todas. Y es justamente por eso que debemos cuidarlo; procurar que siga siendo un espectáculo y una costumbre familiar.

Desde este espacio hemos hablado poco de fútbol. Alguna vez supimos juntos denunciar la violencia que, desde hace largos años ya, mantiene con la soga al cuello a nuestro querido deporte popular. Pero hoy no voy a hablar de esta violencia, a pesar de que sigue aumentando día a día (hace algunos días hubo un enfrentamiento entre dos bandos de la misma barra brava de Boca). Hoy voy a hablar de una violencia mucho más peligrosa, que excede al ámbito del fútbol; una violencia de la que sí hemos hablado muchas veces…

Para que estas líneas no sean vistas como un pobre y exiguo resabio de acartonados y anticuados moralismos, evitaré la palabra discriminación (permítaseme esta única mención del término).

Puede resultar incipiente mi comentario, o irrelevante el hecho de que hayan aparecido banderas bolivianas y paraguayas en la hinchada de Independiente, para intentar insultar a la hinchada rival de Boca Juniors, hace algunas semanas. Y, es verdad, el intento puede haber surtido efectos victoriosos en mentes chatas y corazones lúgubres. Pero hay aquí y allá almas buenas (entiéndase: no las bondadosas, sino “las que sirven, las valiosas”), que sabemos comprender el terrible y peligroso error en el que han caído los autores de tal fallida burla. Y estoy seguro de que no hace falta explicarles a mis lectores cuál es el objeto de tal falla.

El peligro real, obviamente, está en quienes creen que aquello fue un chiste. Pero quizás es más peligroso que haya quienes intentan desestimar las denuncias de estos terribles actos con la pobre excusa de que “nada tiene de malo decirle a alguien que es un boliviano o un paraguayo”. Evidentemente, nada tiene esto de malo; el problema aquí es que seguimos utilizando cualquier nacionalidad como insulto. Lo mismo sería utilizar negativamente cualquier rasgo físico o de carácter o religión.

Es simple y que lo entienda quien quiera entenderlo. Dejemos de cerrar los ojos y comencemos a mirar donde hay un peligro real. Y el fútbol es un buen lugar para comenzar… más aún si somos muchos lo que no queremos tener hinchadas como las del Internacional de Italia, entre otras, que tienen como símbolo nada más y nada menos que la cruz esvástica.

Me gusta que haya folclore en el fútbol, porque soy hincha también… pero hay cosas que no entran en esa categoría. Lo mismo… para todo. Podríamos hacer un esfuerzo y comprometernos con lo que realmente pensamos… podríamos empezar, por ejemplo, con no cantar canciones por inercia, a pesar de que en el fondo no coincidamos con lo que dicen. Sabemos que ni boliviano ni paraguayo significan cosas negativas. Por eso, no seamos distraídos y no cantemos más boludeces… y quienes sí creen que son insultos… bueno… que sigan en su mundo mediocre y miserable.

Y además… por favor, podríamos considerarnos menos argentinos, paraguayos, bolivianos, ingleses… y sabernos, de una vez por todas, un poquito más humanos.

Lanzar la piedra y esconder la mano

Lanzar la piedra y esconder la mano.

Agredir, para luego esconderse. Entrar en un espacio y destruirlo todo… y desaparecer, sobre todo desaparecer.

Qué hará esta pobre gente, que nada tuvo que ver con el deseo y la insana ambición de unos pocos poderosos.

¿Qué hará el pueblo de Irak, aquel que ha sufrido más de una vez, de un lado y del otro? ¿Qué harán con esto que les dejan en las manos… una pobre democracia y un peligroso sistema capitalista?

¿Quién será el responsable de decirles que serán abandonados en el peor momento? ¿Quién se animará? ¿Obama tendrá el valor de enfrentar sus destrozados ojos?

¿No fue suficiente el dolor que han sufrido antes, durante y después de la guerra, como para abandonarlos a su suerte, con un país destruido?

Un pueblo anímicamente golpeado, sin líderes políticos, sin rumbo y sin esperanza, no podrá encontrar fácilmente el camino próspero.

Todo será cuesta arriba.

Ha pasado mucho tiempo desde que el “fin” de la guerra les ha marcado un rumbo sin suerte a las almas iraquíes, y aún la paz no se deja ver ni por asomo.

Hemos pedido a gritos la retirada de las tropas estadounidenses e inglesas de Irak. Hemos querido una solución rápida y certera. Pero el tiempo de aquello se ha acabado.

No deja de ser una buena noticia, es verdad… pero qué suerte les tocará a aquellos hombres que tanto han sufrido. Quizá sea el comienzo de nuevos tiempos para Irak, quizá sea el comienzo del final de los tormentos… Pero qué tarde ha llegado.

Tuvo que explotar la economía de Estados Unidos y del mundo, para que dejaran de meterse en donde no los han llamado… ni los llamarán.

Palabras dignas de ser escuchadas

Esta semana me sentí obligado, un poco por continuar el debate iniciado la semana pasada en este lugar virtual, a compartir con ustedes esta columna del magnífico periodista Ángel Stival (angelstival@gmail.com). Sepan disfrutarla…

“Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”, dice una maldición atribuida a los chinos. Por Ángel Stival.

Tiempos interesantes

Cuando el Muro de Berlín y las Torres Gemelas seguían en pie, Internet era un tópico de las películas de ciencia ficción y la caída del imperio una expresión de deseos de los grupos de izquierda, circulaba un librito en el que escribían, entre otros, los italianos Umberto Eco (n. 1932) y Furio Colombo (n. 1931). La nueva Edad Media, se llamaba, y contenía profecías acerca de un retorno al feudalismo a partir de la disolución de los estados nacionales, del traslado del poder a manos privadas y de ciertas catástrofes provocadas por el desarrollo incontrolado de las fuerzas productivas.

Por ejemplo, el artículo de Eco titulado “La Edad Media ha comenzado ya” cita a Roberto Vacca e imagina cómo puede producirse un apocalipsis moderno: “Un día, en Estados Unidos, la coincidencia de un atasco en la carretera y de una parálisis del tráfico ferroviario impedirá que el personal de relevo llegue a un gran aeropuerto. Los controladores, sin relevar, vencidos por la tensión mental, provocan la colisión entre dos aviones a reacción que se precipitan sobre una línea eléctrica de alta tensión cuya carga, repartida por otras líneas ya sobrecargadas, provoca un apagón. Como nieva y las calles permanecen bloqueadas, los automóviles crean desórdenes monstruosos, los empleados de las oficinas encienden fuegos para calentarse y se declaran incendios que los bomberos no pueden apagar por no poder llegar hasta ellos. La red telefónica queda bloqueada a consecuencia del impacto de 50 millones de aislados que intentan comunicarse. Se inician marchas por las calles nevadas y llenas de muertos…”.

La apoteótica descripción sigue y cualquiera que haya visto cómo funcionan las grandes ciudades del mundo en horas pico comprende que algo así hubiese podido ocurrir.

Por suerte, el hombre se las compuso de mil maneras para ir frenando el progreso y el crecimiento y hoy, con una inconmensurable crisis global, dio el tiro de gracia a esta clase de desbordes. Sin embargo, aquella desorientación del siglo pasado que permitía imaginar una disolución de la sociedad, una caída de las instituciones tradicionales y el temido caos social, persiste hoy. Y se expresa en formas tan variadas y contradictorias que resulta utópico hacerlas pasar por el tamiz de la razón.

Cualquiera puede elegir su camino para el intento, desde la participación del Estado norteamericano con el 36 por ciento de las acciones en el Citigroup al anuncio de la CIA que previene sobre posibles inestabilidades sociales en Argentina, Ecuador y Venezuela. O con algo más afín a la Inquisición medieval, como la negación del Holocausto por parte de un obispo lefebvrista o la crisis política generada en Italia por la eutanasia de Eluana Englaro.

Todo lo cual no hace sino configurar un escenario coincidente con la famosa maldición atribuida a los chinos: ojalá te toque vivir tiempos interesantes…

© La Voz del Interior