Archivo de Enero, 2009

Carta de Michael Moore

Esta semana, mientras estoy de vacaciones, le cedo este espacio a Michael Moore. Desde la playa no puedo escribir. Y me parece importante el mensaje de este norteamericano a su pueblo, con motivo de la asunción del Presidente Obama.

Queridos amigos,
¡Qué día feliz!

Luego de atravesar la Edad Media, aquí estamos, en uno de los momentos con mayor carga emotiva que la historia haya presenciado. Barack Obama es nuestra esperanza más grande para tratar de hacer las cosas bien, para tratar de curar el alma de este país y para tender una mano al resto del mundo que contenga una rama de olivo en lugar de un garrote.

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a cada uno de ustedes por hacer este día posible. Para muchos, la época de locura que acaba de pasar no empezó hace ocho años, sino hace 20, aquel trágico día en que Ronald Reagan juró como presidente para luego desmantelar nuestro tan querido “gobierno del pueblo” así como nuestra forma de vida.

Para todos ustedes quienes alzaron sus voces y se hicieron oír, que escribieron cartas y marcharon por la paz en todas partes del mundo, que nunca se rindieron: ustedes son los héroes. Muchos de ustedes sufrieron grandes pérdidas económicas. Algunos vieron a sus seres queridos partir en barcos hacia guerras absurdas y brutales en el otro lado del planeta, y muchos vivieron para volverlos a ver ya sin vida. Han sido tiempos duros.

Pero el sol volvió a salir. El infame presidente saliente se fue por la puerta lateral de la historia y ahora seguramente se encuentra en su rancho en Crawford, Texas, listo para venderlo como set hollywoodense y así instalarse en algún barrio exclusivo de Dallas. Me hubiera gustado que, antes de dejar el mando, Bush hubiese emitido un último indulto: el suyo propio y el de Cheney, Rumsfeld y toda la pandilla por todos los crímenes que cometieron desde el 2001 hasta la fecha. Demasiadas leyes fueron violadas; una guerra fue lanzada en nombre de una mentira. Ahora, lo único que necesitamos es justicia.

Es nuestro deber seguir adelante y arreglar el tremendo lío que armamos. Tenemos suerte de tener un nuevo presidente que es inteligente y comprometido a servir a su país. Les pido a todos que se tomen un momento y piensen en qué podemos ayudarlo a que haga mejor su trabajo. Estamos todos juntos en esto. Nuestro país viene de ser destrozado por una administración que decidió violentar la Constitución estadounidense como pocas veces para, finalmente, antes de irse, tratar de robar la mayor cantidad de dinero posible para sus amigos de Wall Street.

Aquí va mi ruego: no dejemos a Obama solo para arreglar tremendo lío. El ya tomó juramento; tomemos uno todos nosotros para tratar de trabajar más duro y así poner fin a estas guerras, implementar un servicio de salud gratuito y universal, salvar al planeta combatiendo el cambio climático, terminar con la pobreza, mejorar la educación y, además, recuperar nuestro gobierno para que éste sea del y para el pueblo, en lugar de y para los lobbistas, banqueros y vendedores de armas.

Finalmente, y como nota al pie, quiero decirles que, si bien no es ningún secreto la avalancha de ataques y odio que recibí por hacer mi trabajo, hoy prefiero callarlas, porque hoy es un día para celebrar, para ser optimistas y tener esperanzas. Otro día les contaré acerca de ello. Simplemente estoy contento de que estemos aquí para vivir este momento.

Les agradezco a todos por su constante apoyo y defensa de la democracia.

Sinceramente,

Michael Moore.

¿Acaso el sol ha dejado de salir cada día?

¿Acaso el tiempo ya no corre en este mundo tan joven?

¿Ya no tenemos cielo?

¿Ya no tenemos tierra?

¿Ya no tenemos aire?

¿Acaso el calentamiento global finalmente acabó con toda la naturaleza viva?

¿Quizá el mundo está en un punto irrecuperable?

¿Los hombres ya no tienen amor?

¿Acaso la tierra ya no nos da vida?

¿Se nos ha acabado la imaginación?

¿Ya no sabemos qué es el arte o las ideas?

¿El amor dejó de existir?

¿La pasión, la hermandad o la alegría ya no son?

¿Acaso somos tan distintos a los que éramos?

¿Acaso antes no había hambre o marginación?

¿Eso no era parte de una crisis, quizá no económica, sino social o humana?

¿La vida se tornó algo menos interesante?

¿Ya no puede inventarse nada nuevo? ¿El mundo es tan repetitivo?

¿Se han acabado todas las especies de plantas y animales?

¿Hemos terminado con los sueños, con las utopías?

¿Ya no existen las buenas ideas, las emociones, las buenas experiencias?

¿Tan equivocados hemos vivido todo este tiempo?

En qué sistema tan falaz y virtual vivimos, que nos inventamos una crisis… cuando nada verdadero y puro ha cambiado.

¿Acaso el sol ha dejado de salir cada día?

Voto por el amor

Muchas veces, para cambiar las cosas que vemos andan mal en el mundo, pensamos en soluciones políticas.

La política es un mundo tan irreverente y complejo que, en la mayoría de las veces, no nos traen soluciones a los problemas globales y generales de la humanidad en la época posmoderna.

El consumismo y el esteticismo han atacado tanto nuestras mentes que ya no percibimos deficiencias del sistema donde abundan. No reaccionamos frente a las más claras muestras de injusticia social, hasta el punto de acomodar nuestra vista, para no observar -o no querer observar-, por ejemplo, a aquellas personas que viven bajo el cielo. Pasamos frente a ellos, verdaderos mártires del sistema, como si no existieran.

Y ese es sólo un ejemplo de cómo nos hemos acostumbrado a una vida de conformismo o de individualismo sin sentido, abogando sólo lo que a uno atañe: esa es la ley del hombre posmoderno.

Las pasiones humanas han quedado lejos. Hoy: todo es plausible de ser convertido en mercancía… hasta el amor -o, para ser justos, una pobre virtualidad del amor, que es el sexo-. Sí, porque aquel verdadero sentimiento, el más puro de todos ellos, es el único resquicio donde aun queda algo metafísico, esencial. Allí, en el amor, está la respuesta.

Pero, para no pecar de “sermonismo” y alejarme de cualquier discurso religioso, el amor del que hablo es el amor a la vida, a lo que deseamos, el amor a nosotros mismos, a los demás. Debemos amar bien a todo lo que amamos. Debemos amar lo que hacemos, o mejor dicho: debemos hacer lo que amamos. Debemos amar a nuestro verdadero amor… y vivir con amor. Poner nuestro corazón y nuestro empeño en lo que creemos, ese debe ser el camino.

Esa es la respuesta. Entregar amor. Porque hay amor en las ideas, hay amor en la lucha, hay amor en el salero de una cocinera de un comedor comunitario, hay amor en un proyecto de ley que defienda los intereses de los desposeídos, hay amor en una manifestación por una justa causa. Hay amor en un favor desinteresado, en un proyecto juvenil; hay amor en el arte verdadero, lejano a cualquier negocio. Hay amor en toda la vida, si se la vive libremente. Hay amor en cada vacuna, hay amor en una mano extendida, en un oído que escucha.

Ese es el amor que debemos tener en nuestras manos, para tomarlo e impedir que no se escurra por entre los dedos.

Necesitamos de ese amor, porque el amor, que está presente en cada idea verdadera, es más fuerte que cualquier estrategia política.

Yo, por mi parte, voto por el amor a todo lo que hago… que tiene muchas cosas… menos precio.

“Mass Medias” que ideas

Uno de los problemas centrales de la crisis social que sufre nuestro país hace varios años es el de la falta de representatividad política. Hoy los ciudadanos argentinos no se sienten representados por sus dirigentes. Año tras año, es cada vez más difícil para un argentino sentirse a gusto con algún candidato. Los partidos tradicionales han perdido poder. Más allá de sus insistentes y fallidos intentos por reciclarse, no han conseguido atraer los intereses de los electores.

Esto es claro, la crisis social proviene de una crisis política, una crisis de representación, que deviene en crisis económica, tras varios años de gobierno para unos pocos. Pero el problema de la crisis política viene de antaño y tiene sus razones específicas.

La falta de representatividad está estrechamente relacionada con la pérdida del espacio público -lugar histórico de debate público- que fue provocada por la alta mediatización de la vida de los ciudadanos de la posmodernidad. Los mass media han trasladado a su seno los temas de debate público; hoy sólo desde los medios de comunicación masivos se construyen las agendas públicas, salvo escasas excepciones. Estos no nos dicen qué debemos pensar, pero sí de qué cosas o hechos debemos hablar.

De esta manera, los criterios de relevancia social o, para decirlo desde un léxico periodístico, los criterios de noticiabilidad quedan exclusivamente en manos de los grandes grupos de medios de comunicación, que hoy concentran más y más diarios, revistas, canales de televisión, emisoras de radio, empresas telefónicas y proveedoras de Internet.

Es así, cómo los espacios de debate público fueron desapareciendo paralelamente al crecimiento y concentración de estos grupos de medios, desde donde se ejercen procesos de selección, inclusión, exclusión y jerarquización de las noticias.

Si queremos recuperar lo perdido, los temas de interés social deberán surgir nuevamente desde las bases, desde el pueblo, para luego instaurar el debate político. El camino deberá volver a ser ascendente, y dejar de caer a lo más hondo.

Para recuperar la libertad política debemos recuperar la palabra. Necesitamos decir lo que hoy no se dice, lo que se omite, aquello de lo que no nos dejan hablar. Precisamos que surjan nuevos medios alternativos, donde el debate público esté basado en la opinión real de todos los ciudadanos. La comunicación horizontal será más necesaria que nunca. Tenemos que practicarla de una vez y para siempre.

No dejemos que nos digan qué decir. Recuperemos las plazas, los clubes de barrio, los sindicatos, los centros culturales, los hogares, las escuelas, los puestos de trabajo y hablemos, hablemos de lo que nos pasa, hablemos de nuestras inquietudes y nuestros deseos. Hablemos de lo que queremos ser como personas y como país, hablemos de cómo podemos mejorar, de lo que ya no queremos que exista, de los males de la política, de lo bueno también… hablemos de todo lo que queramos. No hablemos más de Bailando por un sueño, ni del muro infernal, ni de la última pelea de las vedettes. Que las vedettes sean las ideas… las buenas ideas, las comprometidas, las que hoy escasean.

No repitamos más… hablemos, hablemos y mucho. De una buena vez, que los medios tengan que venir por nosotros; que intentes escuchar lo que tenemos que decir, y no al revés. Dejemos de encender la televisión, para tener de que hablar al día siguiente en el trabajo o en la escuela.

Hablemos y pensemos, por favor, pensemos…