Parece mentira.
Parece que hubiera dos países distintos.
Los escasos maestros que nos quedan en la Ciudad de Buenos Aires ven con buenos ojos cruzar su frontera para trabajar dignamente.
A este paso, en poco tiempo, no habrá ningún maestro para convertir a nuestros chicos en hombres de bien. Estarán todos del otro lado. Todos en la Provincia de Buenos Aires.
Cientos de maestros han preferido hacer viajes largos para ir a sus puestos de trabajo, que conformarse con sueldos irrisorios. Ya han comenzado, en la mayoría de las escuelas públicas, a rotar a los docentes por los cursos, porque son pocos, porque no alcanzan, porque nadie quiere trabajar de maestro en la Ciudad de Buenos Aires.
Y a nadie del Gobierno parece importarle, porque consideran más importante el arreglo de las veredas o el mantenimiento de los monumentos de Buenos Aires, que la educación de los niños de nuestro país.
Quizás es una mera casualidad que empresarios de la construcción financiaron extraoficialmente la campaña de Mauricio Macri, en los comicios por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Quizá eso no tenga nada que ver. Quizá realmente es más importante reparar veredas que no necesitaban arreglo, que aumentarle el sueldo a un docente que, con diez años de antigüedad, cobra un promedio de 1700 pesos.
O tal vez este gobierno cree que un sueldo así alcanza para mantener una familia. Quizá, después de haber realizado varias denuncias sobre el manejo por parte del Gobierno Nacional de los índices oficiales del INDEC, terminó por creerse la mentira oficialista de que la inflación es un invento de la oposición. Tal vez está todo cambiado.
Por lo pronto, Macri no tiene presupuesto suficiente para arreglar todo lo que tiene que arreglar en la ciudad, tras varias deficientes gestiones pasadas. Eso lo sabemos todos. Lo que no entendemos, o por lo menos lo que yo no comprendo, es por qué prometió realizar todos esos cambios, al mismo tiempo que denunció que Telerman iba a entregar a una ciudad hundida en el déficit.
No se entiende por qué, cuando aumentó el impuesto del ABL, dijo que “este reajuste nos va a permitir empezar con el cambio que todos los vecinos de la ciudad esperamos”, y hoy dice que no alcanza el presupuesto para aumentarle el sueldo a los maestros.
No se entienden varias cosas de la gestión del ex presidente de Boca Juniors. Pero lo que menos se comprende es su falta de habilidad para priorizar.
Si seguimos en este camino… las calles de la Ciudad de Buenos Aires estarán nuevas y brillantes, para que caminen los abogados, los comerciantes, los banqueros, las amas de casa, los desocupados, algunos cartoneros, los periodistas, los deportistas, los psicólogos, los médicos, pero ningún maestro. Todos estarán del otro lado…
Terminemos con esta fuga de cerebros… al otro lado de la General Paz.


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