Archivo de 22 22America/Buenos_Aires Junio 22America/Buenos_Aires 2008

Ayer soñé con otro mundo

Ayer soñé con otro mundo. Con un lugar que ya me parece lejano.

Soñé con un espacio monocromático, sin diferencia de tonos en la apariencia. Un lugar donde la esencia se enaltecía en cada paso. Soñé con un mundo, lejano al paraíso, que tenía voces que no eran calladas. Voces que sabían qué decir. Llenas de disponibilidades en su esencia. Un lugar mundano pero claro. Lejano a aquel que conocemos bien, ese sin amaneceres ni ocasos.

Soñé un lugar distinto, donde caminé sin culpa, despojado de toda responsabilidad. Libre de la pena de no haber podido hacer nada para mejorar mi mundo. Caminé en un camino de rosas sin espinas. Y me sentí libre, sin ataduras.

Allí no había relieves, ni almas cegadoras. No había Norte ni Sur, ni Oriente ni Occidente. Allí no había fronteras. Las guerras sólo eran motivos de relatos, y el odio se escondía entre las sombras, avergonzado de ensuciar el tiempo.

En ese lugar maravilloso, los días comenzaban con el sol y el tiempo no era nada. Un mundo sin plazos, sin vencimientos. Un mundo simple. Sin banales complicaciones.

Allí estábamos tú, yo y él, juntos, a pesar de nuestras banderas o colores. A pesar de nuestra estatura, nuestro tamaño. A pesar de no estar de acuerdo con simples o complejas cosas, estábamos juntos, felices de estarlo. Estábamos juntos. En ese mundo que soñé.

Era un lugar sin religión, donde la esperanza no tenía sentido. Allí donde las respuestas no se daban, porque, simplemente, no había preguntas. Las cadenas y los velos estaban desterrados. Allí todo era distinto a este mundo sin horizonte. A este mundo encerrado en el progreso eterno, sin sentido. Aquel progreso hacia la nada, con esa intención de subir hasta no poder más. Subir, en vez de ir hacia los lados para enlazarse. Cada uno huyendo hacia arriba, sin mirar a su alrededor, sin mirar quién está junto. En ese mundo no había arriba y abajo. Eso no existía.

Allá no había derecha ni izquierda. Y si la había, nadie le daba importancia, porque allí se convivía. Pero todo no era perfecto en ese mundo que soñé. También existían los problemas. Pero, igualmente, todo era distinto.

Ayer soñé con ese lugar tan distinto a nuestro mundo. Ayer lo vi, mientras dormía. Fue tan hermoso, tan bello. Era un buen lugar para vivir. Ayer soñé.

Ayer soñé dormido y fue tan hermoso, que decidí dejarlo dentro de mí. Lo copié en mis entrañas, en mi instinto. Lo clavé en mi cabeza, en la frente de mis musas. Y allí lo tengo, disponible y presente, para sentirlo, para conocerlo. Para saberme sus recovecos y sus secretos… para iniciar su construcción, a la que, humildemente, con estas palabras, te estoy invitando.