Archivo de Mayo, 2008

Discurso “himnotizante”

“Nunca fui muy patriota”. Mientras sonaba el himno en ambas plazas, reflexioné…

El sentimiento patriótico nunca supo hacerse eco en mi interior. Siempre he preferido pensar desde categorías más profundas que esa. Tampoco supe dónde encontrar al patriotismo, quizá porque nunca intenté buscarlo.

No soy patriota. No, definitivamente, no soy patriota.

Pero, igualmente, no me gusta ver a mi pueblo dividido. No porque este sea un pensamiento políticamente correcto -que lo es-, sino porque, más allá de haber tomado partido en el debate que reina la opinión de todos los argentinos en estos últimos días -posición que no se ubica ni del lado del campo, ni a favor del gobierno- haber tenido dos festejos patrios enfrentados carcome las entrañas de cualquier nación o proyecto de país que se quiera construir.

Es esencial entender que de este tipo de conflictos se sale únicamente cediendo desde ambas partes, si se busca una salida democrática. Ese es el problema del caso, que de ambos lados se espera un retroceso completo de la otra parte. Y ya no se debaten retensiones ni negocios -eso quizá lo haga el gobierno y algunos representantes del campo-; el pueblo está debatiendo un modelo de país. Eso no hay que pasarlo por alto. Detrás de la discusión, y más allá de las inmorales intenciones de algunos dirigentes y de la pésima distribución de la riqueza -no necesito comenzar a hablar del tren bala-, el pueblo está claramente dividido en dos modelos de país. Uno socialista y redistribucionista y el otro capitalista y liberal. Y aquí no importa si un lado es más grande que el otro. Porque aquí somos todos democráticos -o por lo menos, la mayoría-.

Por eso, es duro ver el país partido en dos, porque más allá del sentido patriótico, está el humano. Y yo quiero, como todos, un lugar para vivir en libertad, en paz, con justicia y en armonía. Y estoy convencido de que Argentina es un muy buen sitio para construirlo.

Es duro vernos partidos en dos. Pero hay algo que me da fuerzas, hay una pequeña luz en la obscuridad… y es que nos estemos involucrando en el debate. Sea del lado que sea, siempre es bueno discutir con ideas. Pero debemos estar atentos y no dejarnos “Himnotizar” por promesas nacionalizantes y hegemonizantes, por discursos oficiales u opositores, que quieren echar por tierra algunos reclamos, y que intentan, por más, convertirlos en secos silencios. Eso nos ha llevado a lugares obscuros en la historia, eso nos llevó a perder la democracia en varias ocasiones, con costos irrecuperables para la sociedad que construimos.

Necesitamos unión nacional, pero no acallando voces. Jamás, obligándonos a pensar de una sola manera. Precisamos paz social, pero siempre desde el diálogo, desde la mayor convivencia posible, a pesar de las claras diferencias ideológicas, que nunca debemos ocultar.

Espejitos de colores

Hace unos días, leí una noticia sobre una familia mapuche, de la comunidad Mellao Morales, de la provincia de Neuquén, que fue víctima, por varios años, de una estafa.

Este matrimonio fue obligado a pagar por el uso de las tierras que trabajaban, con chivos y ovejas. Finalmente, cuando quisieron aumentarles la renta a 5.000 pesos, tras una investigación privada iniciada por la familia, los terrenos resultaron ser de la comunidad mapuche.

Este caso que, a primera vista, puede resultar anecdótico, es un ejemplo más de la persecución económico-social y, sobre todo, cultural que la sociedad argentina y, por extensión, la americana y mundial ha sostenido, con insistencia, desde la intervención europea en América a esta parte.

Intelectuales, políticos, artistas y sociedades civiles han gastado sus esfuerzos y sus inconciencias en desterrar estas culturas y estas auténticas formas de vida. Y hay también quienes hemos sido espectadores de esta traición a los valores humanos.

La discriminación, entendida en su significación más simple, es solamente una de las caras de la persecución que sufren estos pueblos. Más allá de este desplazamiento social, que es producto de una actitud “europeizante” y hegemónica, existen otras acciones que dificultan y hasta impiden la libertad de estas comunidades.

Y lo digo yo, que soy nieto de europeos. Pero también soy humanista, en el sentido llano de la palabra. Lo digo porque creo aún en la libertad.

Pero en la libertad plena, la real…

Y no en la oferta vacía de aparentes variedades profundamente monótonas, carente de ideas, de nuestra triste realidad post-moderna.

Gobernar y dejar pensar

Es cierto que muchos periodistas argentinos, hoy en día, no tienen las obligaciones morales, que conlleva su práctica profesional, en el primer estante del armario de sus prioridades.

Es cierto también, que el periodismo de este país está viciado de “negocismo”, que la actividad se rige por valores y motores económicos, en un campo de acción donde abundan los favores políticos, los negocios con multimedios y los apoyos, incondicionales -con todo lo que significa esa palabra- a personajes oficiales o de la oposición.

No puede negarse que el creciente aumento de la acumulación de las empresas de medios, por parte de algunos pocos grupos económicos, es un factor real y extremadamente decisivo a la hora de componer el ámbito de trabajo de un periodista profesional. Es verdad que estas circunstancias no son propicias, ni las ideales, para elaborar, con mucha eficacia, el trabajo de un comunicador. El concepto de “no-subjetividad” está, ante este escenario, totalmente corrompido.

Los valores morales y las prioridades se distorsionan, antes si quiera de comenzar las investigaciones o las reflexiones para la opinión. Directa o indirectamente, el “valor noticia” se transfigura en un producto puramente estético y comercial.

Por estas razones, debería hacerse un trabajo intenso para mejorar la opinión profesional de la Argentina, tanto desde el Gobierno Nacional, como desde todos los sectores de la sociedad, especializados y no especializados. Y es por eso, también, que considero fuera de lugar a la intervención indirecta, por parte de la Presidenta, en la situación laboral de un periodista de Radio Rivadavia, que le había contestado, interrumpiendo el discurso de Cristina Fernandez, “¡Treinta por ciento de aumento me vino en la cuota de la escuela de mis hijos!”, cuando ella culpó al Grupo Clarín y cierto sector de la prensa de cuestionar las cifras oficiales sobre la inflación nacional.

Que alguien del Gobierno Nacional presione a un medio, para que despida a un periodista, no por haberse salido de su papel como tal, sino por haber supuestamente “ofendido” al gobierno, es un acto que corrompe con todas las ideas fundamentales de la libertad no sólo de prensa, sino de expresión.

La presidenta debería estar mucho más preocupada en combatir la inflación, de todas las maneras posibles, de hacer crecer a este país y de reformular para mejorar, sin vicios políticos, la Ley de Radiodifusión Nacional, que en las opiniones de un periodista que, como todos los ciudadanos, tiene derecho a opinar, le guste o no a la Presidenta.

La ecuación es simple: “Gobernar y dejar pensar”.

Noticia que inspiró esta columna

No sufrirán jamás

“Podrás decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros.
Y el mundo será uno”.

John Lennon

Hoy decidí entregarles sencillamente una poesía que escribí una madrugada de esta semana. Algo en mi cabeza estuvo revoloteando ese día… pensé en la obligación, para mí ineludible, que tienen -tenemos- los artistas de involucrarnos en las problemáticas sociales. Y no solamente los artistas quizá, pero sí sobre todo, los portadores del arte debemos estar atentos no sólo a las cosas bellas y extraordinarias de este mundo, sino también a lo decadente, a lo triste, a lo injusto… a lo más mundano.
Te invito a que nos involucremos, y soñemos juntos…

    No sufrirán jamás

    No sufrirán jamás,
    quienes no sienten la pena sobre sus manos,
    quienes intentan una vida acomodada,
    quienes se quedan en el tiempo de derrotas,
    agazapados en sus casas-barricadas.

    No sufrirán jamás,
    quienes confunden la bondad con cortesía,
    quienes entregan sus anhelos por certezas,
    quienes no sepan nunca lo que es la hidalguía,
    zarpando en barcos que les tapen la tristeza.

    No sufrirán jamás,
    quienes creen que el silencio es la respuesta,
    callando gritos de reclamos desoídos,
    quienes no saben de colores de acuarela
    y sueñan grises de sus vidas sin sentido.

    Pero la vida tiene vientos corrompidos,
    y quienes no dejan la sangre en su camino
    también encuentran poderío de cenizas
    que, sin notarlo, y con el tiempo es detenido

    A diferencia de las almas sufridoras,
    que sienten pena por las voces censuradas,
    y se desprenden en la ola pensadora,
    que los alejan de la vida-mascarada.

    No sentirán jamás,
    quienes no entienden la destreza de la vida,
    quienes no alumbran esa sombra en su cabeza,
    quienes no explotan la conciencia en su poesía,
    y usan tinta para tachar diez mil certezas.