Archivo de Abril, 2008

Utopía de letras

A días de la apertura de la nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, y luego de que uno de los poetas más influyentes en la literatura argentina del siglo XX reciba, con total justicia, el premio Cervantes, frente a los Reyes y el actual Presidente de España, he comenzado a recordar mis primeros contactos con la literatura.

Repaso las visitas con la escuela, a la Feria del Libro, y recuerdo que siempre fue un placer, para mí, encontrarme con ese mundo tan fantástico de letras y páginas de todos los tipos y colores.

Quizá, aquellos -mis- primeros contactos con los libros hayan producido en mí algo verdaderamente especial. Es posible que haya sido una de las razones principales del por qué hoy me siento un verdadero escritor.

Ese mundo mágico, que se nos ofrece cada año, es una inimitable oportunidad para que nosotros, y los más chicos también, nos encontremos con nuestros más imposibles deseos. Es una conexión con nuestras ilusiones, con la imaginación más pura.

En tiempos donde las creaciones culturales son poco comunes y donde las manifestaciones artísticas parecen para pocos, son muy productivos y educativos estos eventos, donde podemos dejar volar aquel placer que muchos sentimos: el placer de la lectura.

Porque leer hace bien… Leer es enriquecedor, pero no solo porque nos otorgue calidad cultural o por ofrecernos un status que se muestra como exclusivo, sino sobre todo porque la lectura es el lugar donde podemos sentirnos verdaderamente libres.

Es allí donde nuestros sueños se hacen realidad. Allí pude recorrer el mundo en 80 días, pude conocer un pueblo maravilloso como Macondo y una familia eterna y solitaria como la de Los Buendía. Aprendí cómo hacer El Proceso más interminable y encontré El Castillo de la mano de Kafka. Supe recorrer las calles de la bella Bagdad y a su marino Simbad. Conocí el País de las Maravillas, junto a Alicia. Y, luego de viajar al centro de la tierra, luché en muchas andanzas, junto a Don Quijote. Gracias al mundo paralelo de los libros, pude concretar mis más fantásticos sueños.

Allí encontré la vida perfecta y mis modelos del mundo perfecto…

Porque, cuando hablo de cambiar al mundo, detrás de mis ojos, está el Paraíso, que queda en la otra esquina; están aquellos viajes de Julio Verne; está Macondo, y estoy yo, y están ustedes, junto al Principito, parados sobre la tierra, con la satisfacción de saber que lo que hoy es literatura entonces habrá sabido ser cierto.

Culebrón de medios

Mucho se ha hablado esta semana de la guerra “ideológica” entre el Gobierno Nacional y el Grupo Clarín. El Multimedia se ha encargado de reflejar, en sus flash informativo y su primera plana, su apoyo ineludible a la libertad de prensa y la condena rotunda al nuevo y tristemente célebre “observatorio de medios”, como un amargo intento de convencer a sus fieles lectores, y a los que no lo somos también, de que el grupo empresario, de mayor porcentaje propietario en el “mapa de medios” de nuestro país, es una víctima de este conflicto, que, por cierto, no es ideológico, sino claramente económico.

Del otro lado, está el Gobierno de los Kirchner que intenta, con muy poco tino, convencer al pueblo de que la víctima, en este caso, somos todos los argentinos. Según las consideraciones de este “humilde” gobierno, todos nosotros, consumidores de noticias, estamos afectados por un multimedia enviado por Satanás. Lo cual, en primera instancia, parece ilógico e increíble.

Son dos costados de un debate que, repito, no es ideológico, sino claramente de negocios. Desenredemos un poco más esta cuestión, para entenderla con claridad.

El Grupo Clarín fue uno de los principales aliados del mandato de Néstor Kirchner, entre otros medios, gracias a una serie de “favores” realizados inmediatamente después que el Presidente tomara sus funciones. Entre varias de estas medidas políticamente estratégicas, aunque inmorales e ilegales, resalta la suspensión de la reconcesión de las señales nacionales de radiodifusión, por diez años. Dos meses antes del vencimiento del contrato de las empresas que hacen uso de los canales nacionales 9, 11 y 13, y el 2 de La Plata, conociendo la imposibilidad de renovar el poder de explotación de los mismos, porque, según un decreto aún vigente, las empresas que mantengan déficit en sus cuentas no pueden renovar el contrato con una señal de radiodifusión, siendo este el caso de estas, el presidente, para tener tranquilidad política, reflejada en los medios, decidió tomar esta medida.

Por eso, es necesario entender este conflicto como algo más que un debate ideológico, es necesario ver el trasfondo de la cuestión. Aquí hay un recelo, hay un negocio roto, un aliado que ya no lo es. En esto también tiene que ver el “arreglo” entre el Gobierno Nacional con el grupo dueño de canal 9, que permitió la entrega de la señal de radio Vale y el Canal 5, de la televisión por cable.

Tampoco hay que desconocer ni olvidar los sucesivos favores de publicidad estatal al Grupo Clarín, y la extorsión a medios opositores o independientes con el manejo de la pauta oficial. Tampoco hay que ignorar que este multimedia no es un santo, ni un bebé de pecho, sino el grupo de medios con más poder en nuestro país, hecho a base de negociados y favores a todo tipo de gobiernos, entre ellos, al de facto de 1976. Esta “amistad” con los presidentes militares le permitió nada menos que quedarse con un gran porcentaje del papel prensa, propiedad que favoreció decididamente en su crecimiento y oligopolización.

Son dos costados de un problema que es preciso entender. Comprender para tomar partido, quizá por ninguno de los dos, como propongo humildemente desde aquí. Tomar partido, en cambio, por una Ley de Radiodifusión Nacional, para dejar sin vigencia el decreto, mil veces modificado, que firmó Videla, para controlar con facilidad la totalidad del mapa de medios. Una ley que cuente con el debate público y de los sectores especializados en el tema: la Facultad de Ciencias Sociales, los medios empresariales, la opinión pública, los políticos, en definitiva: todos los argentinos.

Quizá este sea un bueno momento y una excelente oportunidad para hacerlo, ya que se ha comenzado a hablar de Ley de Radiodifusión, siempre y cuando, no sea otro intento de acomodar el mapa, a gusto y placer del Gobierno de turno.

Soplando la llama de la injusticia

Todos preocupados porque la llama no se apague. Había llegado a Buenos Aires, por primera vez en la historia, la antorcha olímpica, y todos estaban preocupados porque no se apague.

Ya la habían apagado en Francia los manifestantes tibetanos, como símbolo de su protesta. Y luego los diarios le dedicaron algunas páginas al incidente; así, los hombres de protesta lograron su acometido.

La llama se apagó… se hicieron oír; se hicieron ver. Se pusieron ante el mundo, con un grito que apagó la lumbre del caso omiso a los reclamos de estos hombres. Lograron su primer cometido. Levantaron el manto que escondía la injusticia. Los medios fueron el medio… y todos lo supimos.

Pero la preocupación del mundo occidental, el nuestro, siguió siendo la misma: que no se apague la antorcha… que no se nos arruine la fiesta. Porque estamos en la era de las erróneas prioridades. Estamos del lado del mundo donde prevalecen los intereses particulares. Vivimos en una época en donde nada importa si el interés propio sigue intacto.

Por eso, apagar la antorcha, finalmente, no ha sido un verdadero logro del reclamo tibetano. Ellos siguen perseguidos… y de este lado sigue la fiesta. Porque el show debe continuar, más allá de todo, sin que se interponga nada.

Y todo sigue igual. Seguimos desoyendo, todos, el pedido de ayuda: los Gobiernos, las asociaciones y los pueblos. Y además no tenemos memoria; particularmente los argentinos. Nosotros sufrimos como pueblo ignorante un caso parecido. Nos vendieron una fiesta, mientras la injusticia, la violencia y la impunidad se olían en el aire.

Tan sólo por eso, deberíamos prestarle más atención a su problema. Solamente por el simple hecho de la identificación. Pero no. Nos gusta nuestra vida occidental, porque, después de todo, no somos tibetanos, ni practicamos el Budismo.

Es más fácil poner policías por donde pasará la antorcha de nuestros juegos, y evitar que aquella “gente extraña”, intente apagar la llama de la injusticia… que no se ve, porque está muy lejos de nuestra casa.

Escuela de mala educación*

Ya lo dijo Mex Urtizberea hace un año, en una nota publicada en La Nación, cuando murió de un disparo el maestro modelo Carlos Fuentealba: “no se le pega a un maestro”.

Esta semana, varios hechos desagradables y vergonzantes han ocurrido en algunas escuelas de nuestro país. Para citar los dos más contundentes: una maestra fue golpeada por un alumno, en la Escuela Secundaria Básica N° 3 de la Plata, por no estar de acuerdo con el castigo que su docente le había impuesto. En una decisión totalmente irracional: al alumno le dieron tres días de suspensión, como si ese castigo lograra que el chico de 12 años recapacitara y corrigiera su error; como si esa medida fuera constructiva. En otra escuela bonaerense, tres alumnas le dieron una clara paliza a una de sus compañeras, mientras la acusaban de ser “muy linda”.

Estos hechos de violencia, tan comunes en los países del norte en los últimos años, han irrumpido con certera fuerza en nuestro país, en este a penas comenzado año. Varias teorías sobre este tema han revoloteado las cabezas de periodistas y funcionarios, en los últimos días. Algunos sostienen que el problema es social, y nada tiene que ver con la escuela particularmente. Otros creen que en las instituciones educativas se ha creado un vacío de respeto y de moralidad. Algunos creen que los maestros han perdido el respeto de los alumnos, por no ser tan firmes.

De las causas de esta problemática claramente se ha debatido, pero no parece haber acuerdo. Y las acciones que nos den una solución siguen relegadas ¿Y qué se puede esperar de una dirigencia que mira para todos lados menos para la educación; una dirigencia que prometió construir ocho veces más escuelas que las que finalmente edificó? ¿Qué confianza podemos tenerle a un gobierno que ignora la verdadera importancia que tiene la educación en el armado de un modelo de país, sobre todo cuando dice defender la redistribución del ingreso y no le otorga el presupuesto necesario para que las universidades públicas estén en las condiciones mínimas de funcionar?

Pero no podemos quedarnos ahí nomás. Necesitamos convencernos de que la violencia es una problemática que parece querer afianzarse a las escuelas, para quedarse por mucho tiempo, así como lo hizo contundentemente en el fútbol Y no podemos ignorar que los tiempos han cambiado. No podemos creer que con recetas caducas, de un país que ya no existe, saldremos de esta. No debemos tener creatividad y no ser ingenuos, porque todos sabemos que esta crisis de la educación se combate con más educación, pero hay que saber cómo distribuirla, cómo transmitirla.

Educación para salvar la educación. Puede sonar tonto, quizá demasiado simple. Es fácil decirlo, pero complicado llevarlo a la práctica. Pero debemos estar de atentos y empezar por donde se debe…

Todos queremos cambiar las cosas, todos queremos que esto se acabe, que los maestros vuelvan a ser considerados por los alumnos como los portadores de conocimiento y no sus enemigos. Pero hay que pedir lo justo, porque la justicia es educación… y no hay educación sin justicia. No podemos ser mal educados y tenemos que hacer pagar a los responsables políticos de la muerte de Fuentealba. Porque si nuestros representantes no respetan a los maestros, qué le podemos pedir a un adolescente, a un niño o a un joven, que nació en una sociedad que involuciona día a día y camina de la mano de un gobierno, que se llena la boca con los índices descendentes de desocupación, pero que no habla, ni un poco, de cómo sube sin freno el peor índice de todos: el de la deseducación.

No lo olvidemos nunca: a los maestros no se les pega.

No se les pega ni se los mata. Porque ellos, nuestros maestros, son los más capacitados, con su lucha diaria contra la ignorancia y la inconvivencia, de recuperar lo perdido y retomar el camino de la evolución social. No es cosa de utopías, sino de trabajo y buena acción.

*A la memoria de un luchador social: nuestro maestro Carlos Fuentealba.