Archivo de Marzo, 2008

La injusticia de la justicia

Esta semana me dieron ganas de hablar de impunidad.
Rápidamente, al leer esta primera línea, todos ustedes, los lectores del megapensamiento, pensarán en el 24 de marzo. Pero, aunque esa es la fecha que conmemora al proceso merecedor de los más sinceros calificativos sinónimos a la palabra impune, hoy voy a hablar de un acto de corrupción muchísimo más simple y llano.

Un juez, de la ciudad de San Carlos de Bariloche, al que los medios, paradójicamente, no quisieron mencionar con nombre y apellido, decidió impunemente hacer pasar de año a su hijo, a pesar de que el mismo había reprobado justamente. Aludiendo a que su hijo había sido víctima de un error técnico, puso su firma para sentenciar de mágica manera que su hijo merecía y debía cursar el quinto año, como si este no hubiera reprobado el examen.

Rápidamente las críticas se hicieron escuchar, seguido de renuncias de algunos profesores y de la rectora del colegio.

Puede parecernos menor este caso. Puede sonar tan insignificante que no merece las líneas de esta modesta columna. Pero quizá, permítaseme esta consideración, este sea uno de aquellos casos de impunidad de los más peligrosos. Y digo esto, porque considero que estos hechos son los que manchan las sociedades que quieren progresar. Estos actos son los que generan que nuestro pueblo parezca cada vez más fácil de corromper.

No debemos olvidar que la sociedad la construimos todos, que cada acción, por más insignificante que nos parezca, se suma a la de al lado.

Este poder desmedido, en manos de seres ávidos de corrupción y disfrute personal a costa de la justicia reinante, hacen de este mundo un lugar más inicuo. Son los que nos dan letra a quienes queremos que este mundo sea un lugar mejor para vivir, para todos.

Son ellos, los hombres como este juez sin nombre, como los periodistas que tienen una página para denunciar y no la usan, son ellos, quienes se aprovechan de sus lugares privilegiados, quienes eligen el camino más fácil o que mejor les cierra, sin importar qué deban dar a cambio… son ellos los que hacen que todo se vista de negro, los que logran que la política o los círculos de poder estén sucios… en definitiva, son ellos quienes me obligan a gastar mis columnas con denuncias y palabras llenas de bronca, cuando podría estar hablando del arte, de la bondad de mucha gente o de todo lo bello que nos rodea en este mundo.

Ser “diferente”

El ser “distinto” puede llevarnos a lugares tristes. Ser distinto puede ser duro mil veces. Podemos estar de acuerdo en que no es fácil ser desigual en este mundo; ser desemejante a lo que nuestra sociedad puede considerar “normal” o “correcto”.

Puede ser arduo eso; puede ser muy duro. Puede resultar dificultoso ser negro, judío, musulmán, homosexual, mujer, gordo, pobre, latino, en definitiva, perteneciente a cualquier minoría social.

Debe ser difícil llevar la vida de “un distinto”, muy difícil. Más duro aún puede ser, si se vive en constante choque con quienes se creen “normales”. Porque, tristemente, la conciencia del “distinto” está ligada íntimamente con la del “normal”. Se es distinto, porque otros creen ser normales y, más aún, porque se empeñan en que todos lo creamos así.

La discriminación es una palabra fea, nadie quiere ser destinataria de ella, nadie quiere estarle cerca. Pero es una palabra que está ahí, que nos mira de reojo. Y son muchas las categorías sociales que andan de su mano, y que se clavan cada día en nuestras conciencias. Y es difícil esquivarlas a todas. Algunas nociones totalizadoras nos atrapan de vez en cuando, y nos obligan a sentirnos “normales” o “diferentes”. Son estas mismas normas las que provocan la discriminación, como algunas reglas de convivencia como, por ejemplo: el protocolo.

Son los amantes de los grandes grupos y sus sutiles armas las que quieren controlarlo todo. Por eso existen ellos, los que no ven la hermosura de la flor en el maizal, los que no ven la belleza que esconde la diferencia, los que no sienten el placer de descubrir algo que agite a “la normalidad”.

Contrariamente a lo que dicta esa conducta “homogeneizante”, es la diversidad la que hace de este mundo un lugar hermoso. Es la capacidad de asombro que tenemos los seres humanos, y que algunos utilizamos, cuando vemos cómo otras personas hacen cosas diferentes; cómo resuelven problemas, comunes a todos, de otra forma; cómo se manifiestan las preocupaciones de todos los hombres de maneras distintas. Es asombroso conocer el amor, de mil maneras disímiles. Es admirable el hecho de que no hay una única manera, de que muchos caminos conducen a Roma, de que “Paz”, “Peace” y “Paix” son el mismo concepto y, si se los practica, se llega al mismo extraordinario resultado. Es maravilloso saber que una fiesta puede transmitir la misma alegría si participa de ella gente vestida de frac o personas con vestimenta popular.

Es justamente eso: “la diversidad” lo que hace que este mundo sea un lugar hermoso. Hay que entender que no somos todos iguales, pero sí debemos ser tratados de igual manera, más allá de nuestra etnia, clase social, religión, contextura física o ideología política; más allá de que otros, nos quieran meter en alguna minoría o en un grupo mayoritario, más allá de que quieran que nos sintamos superiores o inferiores.

Por todo esto, ser distinto no debe pesarnos, porque, en definitiva, todos somos distintos. Justamente allí esta la magia, esa es la gracia del asunto. No debemos llevar con tristeza las marcas que nos distinguen de los grupos hegemónicos, al contrario… deberíamos estar orgullosos de no ser como esas personas; aquellas que no entienden que, como dijo Mijail Bakunin, “la uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida”.

No mirar para un costado

La imagen era clara… aquel hincha del fútbol tenía su mano, en forma de revolver, apuntando a su cien. “Mataron a un hincha”, repetía una y otra vez… “Mataron a un hincha”. Los futbolistas, preparados para disputar su partido, apenas podían comenzar a entender lo sucedido.

Murió Emanuel Álvarez, un hincha más de este fútbol tan violento, de este fútbol argentino, que ya no viene ni va… que ya no camina, pero tampoco parece tener intenciones de cambiar.

Y parece que no pasó nada. Hoy se sigue jugando la fecha del Torneo Clausura, como si nada hubiera pasado. Porque se siente más fácil seguir adelante… “que se encargue la justicia, nada tiene que ver con el fútbol este hecho”, repetía una y otra vez un dirigente de Velez.

Podrá ser, finalmente que el fútbol no sea el culpable esta vez; hasta que no se termine la investigación, que dirá si realmente fue una venganza entre hinchadas o un problema de camisetas, no sabremos el veredicto, no nos enteraremos de si tiene que ver con el fútbol o no.

Pero deberíamos permitirnos ir más allá.

Deberíamos dejar de preocuparnos sólo por los que nos compete, sólo por lo que nos pega de frente. Hay veces, muchas, que la injusticia pasa por los costados; y ahí también debemos reaccionar. Este es uno de esos casos…

Tuvo que aparecer la imagen de este hincha, para que suspendieran el partido. Varios responsables del fútbol aceptaron saber sobre el asesinato Emanuel, pero ninguno tuvo la “humana ocurrencia”, o la sana actitud de intentar suspender el partido, ni hablar de la fecha.

De eso estoy hablando, justamente de eso… quiero, intento, ir más allá de un aberrante hecho policial. Hablo de humanidad, de valores, de moral. Hablo de compromiso social. Hablo de que los dirigentes no salgan a cuidar su pellejo, sino a solidarizarse con la víctima y sus familiares. Hablo de respeto…

Y, para hablar de eso, esta vez elegí el fútbol, tal vez, porque aquí nunca hablamos del fútbol, quizá, porque el hecho me puso irascible. Pero podría haber sido con otra noticia. Lo importante era hablar de eso: de respeto. Porque los valores humanos no abundan en estos días. Porque necesitamos cambiar las cosas. Y, si los que nos gobiernan desde nuestro voto no hacen lo que deben, nosotros tenemos que hacer lo correcto, y exigir lo mismo de los demás… como hizo la hinchada de Velez que, tal vez por miedo, o tal vez por respeto, decidió ir más allá que las personas que organizan el negocio del fútbol, y suspendió por su cuenta el partido.

Y perdón, una vez más, humildemente, por volver siempre a lo mismo… como quienes quieren que este mundo sea un lugar feo y torcido no se toman vacaciones, debemos estar concentrados. Y no mirar para otro lado, sobre todo, cuando la injusticia nos pasa tan de cerca, sin tocarnos.

Una buena noticia… o muchas

En esta publicación número treinta de esta modesta columna, en Aristotelizar.com, el medio más federal de la república Argentina, decidí hablar de “Periodismo”.

Puede parecer una redundancia usar un medio periodístico para hablar de periodismo, más aún cuando hay tantas cosas malas de este mundo para criticar y muchas buenas para resaltar. Puede parecer ridículo o extraño, más aún porque por este medio hemos hablado de temas más importantes, como la tolerancia, el amor, la paz, la hermandad, entre otros.

Pero, así y todo, hoy en día, en tiempos de arreglos políticos con medios, en tiempos de extorsión con la entrega de la pauta oficial, en tiempos de desajuste comunicacional, es importante hablar y resaltar el nacimiento de un diario, que le puede devolver el respeto que se merece a la actividad periodística argentina. Crónica Digital, con la dirección del flamante comunicólogo e investigador Jorge Lanata.

Un diario, que habla de temas de los que no habla nadie; un diario que lleva la práctica y el oficio del periodista más allá del corriente y desgastado comentario de la noticia; un diario que no se conforma e investiga, en cada lugar donde el olor no es agradable, en cada sitio donde no cierran las piezas; un diario que tiene un grupo de gente detrás que no se cansa, que se renueva día a día, a la par de la sociedad y de los intereses de los argentinos; un diario así, merece a lo sumo… esta humilde columna.

Y sí, quizá no los conformé, quizá esperaban más de este sencillo escritor y periodista. Quizá buscaban otra cosa de este sitio, que nos ha llevado a hablar de temas más importantes. Quizá les di poco.

Pero esta noticia, que parece insignificante, por donde se la mire, es algo que enaltece mi trabajo. Porque un diario así, puede lograr muchas cosas, tal vez marque tendencia… quizá alguien lo copie, o todos, y no pongan el negocio por sobre la verdad. Y quizá así, finalmente, ya no tengamos que hablar de la tolerancia que no se ve, de la justicia que no se da, de la hermandad que nunca es o de la paz que necesitamos tanto hoy, como siempre.

Felicitaciones a todos los colegas que trabajan en Crítica Digital. Y felices mis lectores y yo, por estas treinta columnas.

Hasta la semana que viene…

Pasarse la pelota

No se ponen de acuerdo. Uno los manda para un lado y el otro los devuelve. Parece que es lo más fácil.

Tratan de asegurarse de dejar en claro que no son su responsabilidad. Uno dicen que son de allá, el otro dice que no tanto. Pero ellos, los cartoneros, siguen sin poder hacer lo único que los salvó de la pobreza por la desocupación.

Ya le habían cerrado su tren y echado de la plaza. Y no los trataron como se merecen, por el sólo hecho de ser personas y ciudadanos de nuestro país.

Y mientras ellos siguen revolviendo la basura para dignificar -aunque suene paradójico, ellos lo sienten así- tan sólo un poco sus vidas, los otros dos, jefes de gobierno electos por el pueblo se siguen peleando para no tener que resolver los problemas de los cartoneros.

El de la Ciudad de Buenos Aires los echa porque son de allá. El otro se queja porque los regresaron. Pero ambos, sin acciones y con muchas palabras de más, están mostrando verdadera ineficacia en el manejo de esta problemática social que no es ni porteña ni del conurbano, sino argentina.

Setenta familias fueron desalojadas por el Jefe de Gobierno electo de la Ciudad de Buenos Aires. Setenta familias, que al parecer molestaban en los barrios porteños. Porque parece que, a algunos, les molesta que los cartoneros de la provincia vengan a buscar las sobras de la Capital. Parece que eso está mal. Y claramente está mal, porque no deberían estar buscando sobras, ni de los porteños ni de nadie. Eso es lo que está mal. Pero, para esta gobernación, la solución más rápida y fácil fue tirarle la pelota a su colega y vecino.

Y así parece que serán las cosas.

Así parece que nos vamos a manejar… así la Ciudad va a ser un lugar feliz, sin gente revolviendo la basura. Esa parece que es la mejor manera de hacer de Buenos aires un lugar “Bueno”, un lugar mejor. Asegurando lo nuestro y devolviendo lo que no pertenece aquí. El cartón de la Capital Federal es nuestra basura y seguirá siendo basura capitalina, más allá de que allí, en la Provincia, sirva para algo más.

Y así, mientras ellos buscarán un lugar donde recolectar nuevas sobras, los dos Jefes de Gobierno seguirán peleando, haciendo política de verso, o mejor: harán lo que más saben hacer, como buenos hombres de deporte que fueron… seguirán pasándose la pelota, sin proponer soluciones concretas.