La inusitada presión de las acontecimientos que ocurren en nuestro alrededor por momentos parece tremendamente destructiva, digo parece porque expreso la idea de no involucramos mental ni emocionalmente con el hecho.
No metiéndonos en la “cosa”… la situación tiende a aplacarse, cede y podemos continuar en nuestras cosas.
Es un desafío colosal mantener la serenidad, en tan singular circunstancia.
Hay muchas ideas escritas sobre la teoría de los límites, es todo una ciencia. De ahí la importancia del auto límite… no se puede mentir la mayor parte del tiempo. Y lo peor… pretender imponer la verdad.
Solo un loco procurará no enfermarse y ser coherente.
Sé que la palabra cura. Claro las buenas palabras, las que estimulan, las que inspiran, las que ayudan a reflexionar.
La palabra tiene una función fisiológica y terapéutica.
Es vital reconocer la intención con la que se expresan.
Nos hace bien… y también nos hace mal, la calidad manda.
Todos tenemos mecanismos de funcionamiento.
Decenas de cosas hacemos automáticamente, actuando como máquinas, en particular si no nos damos cuenta lo que nos pasa cuando vemos en las calles, dolor, violencia y la inseguridad, solas o juntas.
Si la vida es una escuela, nunca dejamos de aprender, especialmente si mantenemos la mente abierta, facilitando el ingreso de ideas y conocimientos incesante, cotidiana y proficuamente.
Esta experiencia en algún momento próximo será un recuerdo.
Todo pasa y todo cambia. Esto también, vale la pena recordarlo.
El secreto de amar la vida se presenta cada día.
Bien alimentado, es posible resistir física, emocional y mentalmente lo máximo en todos los aspectos de presión, tensión y adaptación.
La calidad del dar depende de cada intención.
La honestidad con uno mismo siempre asegura la victoria anímica. Todo es posible, con convicción sincera y coraje. Esto último no se compra ni se consigue prestado. La verdad lo sostiene. Al corazón no le podemos mentir, porque se enferma. Late dándonos la vida. Sufre cuando violamos la vida de los otros, de cualquier forma. Aunque algunos parezcan hombres de hierro. No confundamos lata con acero. Se parecen pero no son lo mismo.
Nuestra cabecita necesita de ideas, nuevos pensamientos y conceptos, son las semillas de una nueva cultura.
Solo imaginarlo, refresca, renueva… Por eso sueño:
- Necesitamos políticos éticos y moralmente ricos.
- Acreedores que piensan positivamente –incluso oren- por la buena ventura de sus deudores. La oración alivia cualquier dolor.
- Abuelos y niños jugando en las calles y las plazas.
Todo lo que nos pasa siempre tiene un propósito.
Las expresiones vacías de verdad caen en saco roto, se asemejan bastante a habladurías. No es rentable invertir tiempo con hipócritas.
Es bastante parecido a hablar con sordos e insensibles.
La vida carece de calidad y vitalidad cuando es vulgar y apática.
Si nuestro desempeño es común, exento de esfuerzos extra, vivimos en la nada. No es útil ocupar tiempo con los sátrapas. Menos aún criticarlos.
¡Lo mejor y mas sano es alejarnos de todo contacto!
A todos nos gustaría tener el futuro que soñamos. Ese futuro empieza ahora. Haciendo. No deseándolo. Pariendo ideas y construyendo nuevos parámetros de comportamiento.
Hasta la próxima. Juan Báez.
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