¿Cual es el rédito de ocuparse –leyendo, pensando, comentando y reiterando- de asuntos que nos afectan (mucho o poco) y no resultan útiles para el bienestar de las mayorías?
La primera obligación moral, ética, civil y constitucional de quienes gobiernan… es: Servir al pueblo…, para eso están.
Si, sin dudas, viviendo en cualquier ciudad del interior -salvo en alguna gran capital- seguramente conocerías donde vive la autoridad sea política, judicial o policial y si no podes hablar con ella en su despacho, vas a verlo a la casa y chau pinela… cantas las 40.
Hay diálogo… Si es productivo e inteligente, muy bueno y mejor.
Sin diálogo mala fariña… Gobernantes y gobernados deben dialogar.
En las grandes ciudades esto difícilmente pasa, uno no sabe quien es su vecino… y tampoco se habla y casi siempre ni se saludan… Cosas que no pasan en el interior…
Por esto creo muy valioso la participación civil en la creación de mejores condiciones de vida…
Si hoy rescatamos como una de las mejores noticias de la semana, a la protagonizan ciudadanos comunes ocupándose de mejorar las cosas que no hacen ni el gobierno ni las instituciones…
Por esto imagino próximamente incorporar cláusulas para facilitar el reemplazo o desplazamiento de autoridades de quienes se reconozca ineficiente gestión o evidente desequilibrio con los otros poderes. Tal comportamiento gubernamental solo fomenta malas relaciones.
La tolerancia tiene límites.
La baja calidad de vida de las sociedades se sostiene principalmente porque abundan y predominan temas instalados que tergiversan lo importante y ahondan en lo superfluo transformándolo en urgente.
La exposición de opiniones que no consideran el todo y generalmente llevan agua para el propio molino, afianzan la desorientación.
Así vivimos en el reinado de la etiqueta. Es gorila. Es zurdo. Es oligarca. Es peronista. Es piquetero. Es clase media… hay cientos o miles más. Divididos… no somos nada más que hombres y mujeres sueltos… a la deriva de los tiempos.
Se ningunea preferentemente lo importante y trascendente. Muy especialmente desde la cabeza del poder político. Falta capacidad intelectual para percibir, corregir y esclarecer.
La ausencia de grandes ideales esta sobre la mesa.
No aparecen propuestas de unir ideas y voluntades, en serio.
Como todas las cosas, cada una tiene intención y propósito.
Cuando confluyen ideas con parecida intención y similar propósito, la voluntad dirigida hace realidad el proyecto colectivo. Asi funciona la armonía, integrando intereses…
El cambio empieza, continua y es siempre en nosotros.
Nosotros haremos el país que queremos. Si el gobierno nos ayuda, bárbaro… así será porque entiende nuestras necesidades y deseos… vamos bien… sino es así, hay que seguir pa’delante…
Visité en estos días la Rural y salí más convencido que nunca que el Vicepresidente ayudó a que el progreso continúe.
No se puede tener bienestar y riqueza social… sin que ellos jueguen para nosotros… y con nosotros.
Rescato como muy valiosa, la siguiente nota publicada en el diario La Voz del Interior, del día de la fecha.
Hasta la próxima. Juan Báez
* Ningunear: Nada o casi nada. Clara tendencia a minimizar algo o alguien al máximo.
Opinión en La Voz del Interior, de Córdoba
Una política inteligente
Silvina Gvirtz
Doctora en Educación, profesora de la Universidad de San Andrés e investigadora del Conicet
Las políticas educativas son cruciales para comenzar a revertir los índices del fracaso escolar. En primer lugar, el Estado debe igualar la oferta educativa: darles más y mejor servicio a los que menos tienen. Hoy, por el contrario, los sectores más carecientes tienen escuelas en peores condiciones de infraestructura y recursos, mientras que las de clase media gozan de un mejor nivel. Una institución de clase media-alta ofrece doble jornada, computación y otros servicios a los que los más pobres no acceden. Lógicamente, esta situación mantiene las diferencias. La distribución desigual de la oferta es una realidad que nadie quiere ver. Mientras tanto, las otras políticas quedan relegadas.
En segundo lugar, es necesario territorializar la política. Esto implica obtener y observar la evolución de los indicadores de repetición, de promoción y de ausentismo en cada una de las escuelas de cada distrito. La escuela tiene que ser considerada una unidad de mejora y, para ello, hay que optimizar los sistemas de gestión de los establecimientos.
No es posible que las instituciones no cuenten con un sistema computarizado de información que permita monitorear el rendimiento interno. Hoy, las escuelas y los maestros funcionan con base en percepciones. Y la diferencia entre percepción y evidencia es enorme.
En tercer lugar, hay que pensar en el concepto de mejora y no de cambio o innovación. La mejora permite continuar las prácticas que funcionan bien y cambiar las que no funcionan.
En cuarto lugar, es preciso volver a unir las medidas de rendimiento interno al aprendizaje. Las políticas pedagógicas deben estar centradas en una capacitación docente que piense en el aprendizaje de los chicos.
Para desarrollar una política educativa inteligente, los ministerios tienen que contar con buena información. Entre otros datos, deberían tener un mapa de distribución de la pobreza, otro con la distribución de las escuelas, su estado edilicio y recursos, y con la previsión del crecimiento demográfico con proyección a 40 años. De esta manera, las autoridades tendrán más posibilidades de paliar las necesidades y de justificar sus políticas públicas en el momento de distribuir el bien.
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