Sin duda hay correspondencia y complementariedad en cada asunto que vivimos. Sea del signo que sea.
Primera observación: Escasa participación civil en los asuntos de la democracia. Como construir mejor calidad de vida, cuando la mayoría de las organizaciones (de todo tipo) no dialogan institucionalmente con los representantes de los poderes constitucionales. Sin diálogo se reducen las mejores alternativas, solo cabe esperar y aprobar a contra voluntad lo que aparezca desde el Legislativo y aplique el Ejecutivo. Sin resolución de las causas de la baja calidad de vida civil, los problemas se multiplican porque se potencializan unos con otros. Volvemos a reiterar. Las organizaciones sociales son vehículos de participación civil, desde allí cabe presentar propuestas y obtener información sobre los diversos asuntos de la vida pública.
Segunda observación: Comienza auspiciosamente una nueva administración nacional y federal.
¿Hay plan estratégico de desarrollo?
¿Cumpliremos doscientos años desde 1810…?
¿Dónde estamos con Los Objetivos de Desarrollo del Milenio?
¿La Integración social, política y monetaria del Mercosur?
¿Se corregirán las fallas para la realización de los próximos comicios y la participación de los partidos políticos? ¿Cómo se optimizará su organización en las próximas campañas?
Solo por mencionar asuntos de envergadura social y política.
¿Como ejerce su rol la sociedad civil?
¿Como se mejoran metas para optimizar la vida nacional?
¿Cuál es el rol y la función del ciudadano sobre las políticas que modificaran sensiblemente su sistema de vida, en los próximos años?
Tercera observación: Seguridad en la vida cotidiana, impacto social y económico del cambio climático, efectos de la turbulencia financiera internacional, inestabilidad energética, conflictos con países vecinos. Son cuestiones que demandarán mucha atención y erudición en su tratamiento y resolución. Probabilidad de saturación de conflictos y disminución de la calidad en la toma de decisiones, más aún con la aparición de temas inesperados que erosionaran la compleja dirección política. Aumento de irritabilidad en la convivencia civil.
Ingobernabilidad de las masas. Reestablecer el orden de las funciones actuando sobre lo importante y trascendente, más que sobre lo urgente y extraordinario.
Un liderazgo sabio comprende la atención de la vasta complejidad de asuntos, convoca la asistencia y la participación del mayor arco de cooperadores, más allá de su extracción. La proliferación de conflictos erosiona las relaciones y pulveriza el respeto. Sin respeto a los otros los vínculos se desgastan y entonces se extingue la capacidad de liderazgo, entendiendo por tal al que evidencia y muestra ejemplos a imitar, seguir, continuar y mejorar.
Muchos dirigentes fracasan porque esperan ser respetados en especial por su jerarquía, más que por su visión y responsabilidad.
El líder se sostiene en el auto-respeto. Procura por todos los medios cumplir lo que promete. El idealismo siempre ha tenido impostores y quizás la historia continuará presentando de vez en cuando actores que faltan el respeto al soberano, aunque primero no se respetaron.
Un líder verdadero se prepara desde siempre para respetar a los demás aún cuando no sea recíproco, y aún cuando los otros cometan errores.
Un líder verdadero separa responsabilidades, jamás rehuye de la propia, así se ha hecho la historia, por esto reconocemos hombres de valor. Los hubo y habrá.
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