Esperar lo mejor…

Es la mas clara definición que escuché sobre la esperanza.
Y esta es muy buena como herramienta cada vez que uno la requiera. Si… mientras tanto todo pasa. Lo que hoy es adverso, mañana mismo no lo es. Lo que sea que viva y crea… pasa.
Por esto es muy bueno tener esperanza… esperando lo mejor.

Entre tanto, es contra natural pensar en lo peor, para nosotros y más para uno mismo.

¿Donde esta escrito, que a partir de ahora vendrá algo peor?

Las únicas personas que cambian, son quienes se enojan con el presente que viven y hacen esfuerzos de todo tipo, incluso extraordinarios, para cambiar.
La vida ofrece testimonios a diestra y siniestra. Hay hombres que llegaron a la cumbre, arrancando desde cero. Pasó… y volverá a pasar.

Nada de valor se consigue sin esfuerzo inteligente.

Una mejor democracia se construye con mayor participación, excelente cooperación, más intercambio, máxima capacitación y óptima organización.

¿Quiénes cambiaran la realidad que nos duele? Nosotros mismos. Nadie más lo hará. Aunque no lo crea.

Entonces las cosas serán diferentes, si cambiamos… participando, asumiendo responsabilidades, bajándose de la tribuna de la crítica, del no te metas, del egocentrismo y la pusilanimidad.
Si esa realidad es reconocida… definida con pelos y señales.

¡Con mejor tono cantará el gallo…!

¿Como es nuestra realidad?
Somos una nación adolescente, con una democracia raquítica.
Por todos lados hace agua. Reinan las etiquetas y nada es igual a nada. Y para peor no nos parecemos a nadie.

Tenemos dirigentes con discursos huecos, sin esencia. En otros países (con más decenas en añitos) también los hay. No tenemos la exclusividad.
Solo participamos mayoritariamente a la hora de votar. Esto si lo tenemos que cambiar. Somos únicos.
Disponemos mínima información de partidos y postulantes. Esto también hay que cambiar… de nosotros depende.
No exigimos transparencia ni controlamos. Asi nos va.
No hacemos política, sobre nuestros derechos y necesidades. Hay que empezar…
La cosa pública es de ellos… la usan a su antojo y en contra de la mayoría. Una democracia no tan democrática.

Si a la actual situación conflictiva le ponemos sombras y dudas y además las adornamos de emociones bajas, sobrevendrá el fracaso y la frustración, nuevamente. Si no nos metemos… otra vez las cosas no cambiarán.

Cambiará el collar, pero no el perro

Por esto rescato interesante considerar un punto de vista foráneo, sobre nosotros…
Hasta la próxima. Juan Báez

Nuestra crisis según The New York Times

El diario norteamericano, a través de sus corresponsales en la Argentina, analiza la cuestión estructural del debate político-económico entre el gobierno nacional de nuestro país y los sectores del campo.

Alexei Barrionuevo - Servicio de noticias The New York Times - © 2008

El alcalde Fernando Fischer, de la localidad de Armstrong, estaba radiante a principios de marzo cuando este pequeño poblado, en la provincia de Santa Fe, fue el anfitrión de 200.000 visitantes que estuvieron presentes para una descomunal exposición agrícola.

Los vendedores se extendieron a lo largo de 485 hectáreas de tierra cultivable, exponiendo de todo, desde trilladoras para cosechar hasta las más recientes semillas para cultivos. Las ventas a empresas locales fueron vigorosas.

Fue un orgulloso momento para Fischer y para la pujante industria agrícola de la Argentina.

Pero, menos de una semana después, el gobierno aumentó los impuestos sobre las exportaciones agrícolas, llegando a niveles que ellos ya no pudieron soportar, y desató una crisis política que actualmente amenaza al gobierno de Cristiana Fernández de Kirchner, la presidenta peronista de Argentina, tras poco más de 6 meses en el cargo.

Hoy día, Fischer es uno de docenas de políticos que han transformado provincias rurales que solían ser bastiones del peronismo, cruciales para lograr la elección de Kirchner en octubre, en centros de ferviente oposición política.

Su revuelta demuestra el grado de profundidad hasta el cual la decisión de la Presidenta ha dividido incluso a los peronistas, dejando a políticos del interior desgarrados entre sus lealtades de partido y sus furiosas bases populares.

De manera similar, esta situación revela la fuente de buena parte de su ira: el hecho de que la creciente influencia económica de las provincias rurales de Argentina no se haya traducido en una mayor voz en política, ya no digamos con respecto a cómo se gastan los impuestos que ellos pagan.

Fischer, integrante del Partido Peronista de toda la vida y alcalde desde hace ya 19 años, es un buen ejemplo de la inconformidad que actualmente envuelve a las filas del peronismo.

Él dice que el gobierno de Kirchner es “sordo y ciego” al daño que le está ocasionando a la economía agrícola de Santa Fe, la provincia nororiental en la que se localiza Armstrong.

“Como dijo el ex presidente estadounidense Bill Clinton, ‘Es la economía, estúpido’, y por esa razón nosotros votamos por ella”, dice Fischer, quien también es médico. “Además, nosotros somos realmente estúpidos. Ahora, nos sentimos profundamente traicionados”.

La iniciativa gubernamental en debate condiciona los impuestos sobre cultivos como la soja a los precios mundiales de los productos.

Esos precios han estado registrando un auge en los últimos meses, aumentando el impuesto de exportación que pagan los agricultores, así como reduciendo marcadamente sus ganancias al tiempo que llenan las arcas del gobierno.

El impuesto sobre la soja, por ejemplo, la mayor exportación agrícola, que había sido de 35%, ya ha subido hasta 44%, aproximadamente.

Para Cristina Fernández de Kirchner, los sucesos recientes son un repentino revés político. Ella llegó con facilidad a la victoria, en parte, debido al respaldo del campo, incluidos propietarios de granjas pequeñas y medianas que se beneficiaron de las políticas fiscales de su marido tras la devastadora crisis financiera del país, en 2001.

Desde la revuelta de agricultores, llevando a cabo paros nacionales en los que cerraron carreteras, impidieron la exportación de granos y, a veces, contribuyeron a escasez de alimentos, ella se ha referido a ellos como “conjuradores golpistas”.

Este tipo de declaraciones y otras, afirman analistas, han sido asombrosamente impolíticas y han alienado incluso más a la gente que, en otra época, estuvo entre sus más firmes partidarios. Los índices de aprobación de Kirchner han caído a casi 20% en semanas recientes.

“Ellos son aliados naturales, la gente del campo y la familia Kirchner, pero, actualmente, son enemigos”, nota Juan Miguel Massot, economista por la Universidad del Salvador en Buenos Aires.

Con el marcado aumento de la inflación, particularmente en alimentos, el respaldo hacia los Kirchner de las clases trabajadoras, su principal base electoral, también podría estar en peligro.

“Ellos están perdiendo apoyo en todos y cada uno de los segmentos de la sociedad argentina”, dice Daniel Kerner, analista del Grupo Eurasia, consultoría de riesgo sita en Nueva York. “A este paso, los Kirchner van a terminar completamente solos y aislados”.

Publicado en Diario Los Andes - Ver nota original

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