Archivo de Diciembre, 2008

Gran baile, gran

Entramos a un año singular. El 2009 comienza con una descomunal cantidad de incertidumbres, la mayor de las últimas décadas.

Estamos enfrentando múltiples crisis y de variados orígenes.

Con una sola, el panorama sería mucho más simple. Lógico. Y por si esto fuera menos, los días transcurren dentro de una incompetente  ingobernabilidad. Anuncios de notable impacto, se diluyen en horas, y a veces en minutos. Desaparecen de la opinión pública.

El descreimiento se ha generalizado y está echando raíces. Casi nadie quiere escuchar a la Presidente.

El diálogo predominante entre las autoridades y los medios pasa por la instancia comercial, casi en exclusiva.

La indiferencia acelera los procesos. La mediocridad mata la calidad de vida. Lo más importante es esperar sin miedo. La sociedad esta expectante y tal vez desesperanzada. En tanto la masa aguanta y se entretiene. La clase media acciona, reflexiona y espera.

La crisis es de identidad. ¿Quienes somos? ¿Qué hacemos?

Cada vez son más, quienes “algo” hacen sin esperar nada de nadie. La clave: Hacer bien hace bien, el ejercicio es lo que importa.

Claramente vivimos en nuestra Nación una crisis política y social sin par. Con gran protagonismo de los valores morales. Empiezan a ser prioritarios en cada ámbito de discusión. La situación recién comienza. Estamos hablando y pensando en valores… casi nada. Un nuevo aprendizaje hacia la madurez.

El poder ejecutivo ha fracasado en la implementación de políticas.

El poder judicial se ha instalado en el centro de la atención pública. Por efecto de su propia gestión y como consecuencia de definir asuntos de gran trascendencia y de añejo tratamiento.

Nadie esperaba una situación así, hace algunos meses. Para colmo la crisis que viene desde afuera, seguramente aumentara la turbulencia local en todas las áreas sociales y económicas.

La crisis financiera y económica internacional se convirtió en un obstáculo para el desarrollo comercial sostenido de nuestra economía.

Si además la corrupción denunciada se confirma y continua… el panorama es claramente desalentador. No se puede permanecer abúlico ni menos especular con decisiones que ayuden a socavar el equilibrio social. Mantener las luces encendidas en cada decisión será una constante, para aminorar el dolor de las crisis.

Entiendo la importancia de no sobre valorar los riesgos potenciales. Tampoco es bueno menospreciar situaciones que se transformarán en escándalos, aumentando el dolor social. Todo esto sin considerar aún la aparición de eventos inesperados, tales como inundaciones, desastres y otros fenómenos climatológicos propios de la época. Movidita… la mano.

En una crisis es vital el manejo de la información. La estrategia es clave. No puede rellenarse con falsedades ni mentiras, así solo se aumentará el tiempo de duración de la crisis y la virulencia de su impacto. Lo inesperado continuará al acecho. La capacidad de reacción estará muy recortada.

Enfrentamos dos crisis, una local y otra internacional. Ambas vienen interconectadas con otras que pueden converger en tiempo y efectos. O sea, resistir más de una posibilidad de convulsión. Por ende, vale pensar que lo mejor que nos puede pasar es salvamos entre nosotros. De otra manera no nos salvará nadie. Tales situaciones amenazan nuestro bienestar. Tienen el potencial de afectar toda la comunidad. Se necesitan nuevos mecanismos para enfrentar los hechos.

Existe la opción de crecer o retroceder. Crear días diferentes. De participación y sin hastío. De acción y reflexión.

Dialogar y capacitarnos para tener mas opciones, es muchísimo mejor que permanecer prisioneros de la mentira, el lujo y la culpa. En estos días de escasez fluye la adulación, es la moneda que abunda en los centros de poder. Por esto aprecio invalorable aspectos a tener en cuenta cuando se enfrentan crisis:

  1. Incentivar el dialogo abierto entre las personas para no sentirse aislado, culpable o confundido.
  2. Enfrentar la injusticia. Confiar en la propia suerte.
  3. Cambiar actitudes, ser parte del remedio y no de la enfermedad.

Iniciamos un nuevo año. Una nueva época comienza. Hasta la próxima. Juan Báez

¿Acaso escasea dinero?

A simple vista, parecería que si. Y por lo visto, mucho. Claro, en la mayoría de las casas, en las grandes mayorías.

Falta dinero o políticas para erradicar el hambre.
Falta dinero o decisiones para derrotar a la pobreza.
Falta dinero o ideas para eliminar la desocupación.

¿Por qué tantas personas viven con hambre? ¿Cómo es que a nadie le sobra dinero? ¿Por qué no hay solidaridad?
¿Por qué avanza la pobreza en el mundo? ¡Por qué fallan los gobiernos y los dirigentes! ¡Por qué crece la corrupción, cada día un poco más!
¿Por qué cada día hay más ricos y también cada vez mas desocupados? ¡Porque no se crea trabajo digno! ¡Porque permanecemos pasivos y abúlicos!

En todos los ámbitos de nuestra Nación, se percibe nítidamente la necesidad de cambiar la situación. Hay un descontento generalizado de incertidumbres múltiples y, a la par, hay deseos de hacer “algo”.

Como nunca en la historia argentina tantas personas tienen esta común preocupación.

Esta clarísima la necesidad de mayor solidaridad social, en medio de un anarquismo fatigante.

Los hombres envejecidos y los egoístas no le ven la pata a la sota.

Viven sin entusiasmo y con la queja. Escépticos, agonizantes.
Lastiman a sus almas, con la crítica y el desánimo.

Quienes viven sin ideales, están prácticamente muertos.

Los hombres jóvenes son los únicos dueños del presente.
La construcción de futuro depende de la envergadura de las ideas, de la calidad de sentimientos, de la estatura moral en la visión de lo que se espera crear y en creer, para sí y para otros.
Es vital soñar en grande. Así se crea el futuro equivalente.   
La serena confianza en un ideal convierte a la palabra empeñada en una sentencia. Las grandes victorias humanas nacieron así… todas.

¿Cuál es la altura moral de nuestra vida?

¿Por qué hay tanto desencanto, recreando patologías?
Cada vez que envejece una generación, aparecen nuevos ideales.
La vieja política se está despidiendo.

Es tiempo de hombres jóvenes de cualquier edad, con ideales… Con confianza en la propia calidad de vida interior y en la acción conjunta.

Es memorable ser joven ahora, en este momento, en estas circunstancias. Dignifica ser solidario, actuar en común con otros para el bienestar de terceros. No esperemos que “ellos” lo hagan. Hagámoslo ahora nosotros.
Asi se renovarán sueños, conociendo nuevas personas, se alimentarán esperanzas y habrá nueva energía. Más sana, más vital. 
Son estos ojos los que miraran cualquier amanecer, como una nueva oportunidad. El tiempo es ahora. Es hora de practicar comprensión, solidaridad, reflexión, acción.
En todas las crisis hay contaminación generalizada de emociones, de ideas o prejuicios y en particular de sentimientos negativos de fácil contagio. Por eso, es importante liberarse de toxinas… y de hechos que no son compatibles con nuestros sueños e ideales.
Los senderos de la perfección no tienen fín. La Belleza, la Verdad y la Justicia son patas de la misma mesa, en la que se sirven los hombres que disfrutan a fondo la vida.
Un pueblo es viejo, cuando se vive pensando con nostalgias el ayer, en lugar de prepararse al desafio y el brío del futuro.
Cuando uno se enamora de un ideal, tiene amor por lo que sueña y quiere. Es lo mismo que vivir enamorado. Una vida sin amor es lo mismo que una existencia sin rumbo, peor aun: sin camino.
La inercia frente a la vida es cobardía. Un hombre que no es determinante ante la crisis es una sombra. De poco vale ofuscarse y buscar culpables. Ha llegado la hora de crecer y madurar.
Cada idea pensamiento tiene intención y propósito. También uno tiene la libertad de decidir qué y cémo vivir. Después de pensar, es bueno envolver esa idea con sentimiento y vigor.
La voluntad se pone a prueba a cada momento. La mirada, a mediano o lejano plazo, permite crear y, por ende, creer en algo superior.

Los hombres aran su propio surco, decía José Ingenieros.

No importa si sos poeta o filosofo, apóstol o artesano, empleado o patrón. No insistas en rutas ajenas a tus sueños. No subordines tu voluntad al abandono y el hastío.
Si eres capaz de tener un sueño, procura hacerlo realidad.
Aunque te equivoques, vivirás aprendiendo. Si no lo intentas, seguro lo lamentarás.
En los últimos 6 meses los Bancos Centrales de todo el mundo volcaron tanta cantidad de dinero al “mercado” que no alcanzó para paliar la “cosa”… Y sí, vuelven a hacerlo, una y otra vez, hasta terminar con el hambre, con los pobres y la desocupación. ¡Que tal!
¡Porque todo lo que se “puso” no alcanza!

 
Hasta la próxima. Juan Báez

El poder moral

En cualquier día de ayer en todo lugar, la crisis dijo presente.

Es inherente a la evolución humana porque es protagonista insoslayable en cada época.

Siempre superadas las circunstancias, consecuentemente aparecen nuevos tiempos. La crisis como actividad colectiva y cultural marca hitos, necesariamente.

Allí, en cada caso el poder moral siempre produce y produjo resultados propios de causas justas y mayoritariamente asociado a gestas equivalentes.

Hasta ahora la corrupción, la pobreza, la violencia y la inseguridad no retrocedieron casi en ningún lugar, es lo que marcan los fríos datos de la realidad mundial… Y por si esto fuera poco, hizo su entrada triunfal una crisis financiera de inédita envergadura que afectará a todos.

El poder moral será incuestionablemente el gran protagonista.

Su rol es determinante. Único. Inexcusable. Su presencia será reclamada desde todos los ámbitos. De las crisis se puede emerger con valor y creatividad, creciendo en madurez.

Observar las múltiples realidades aquí y ahora desde una posición abstraída de la emoción y el caos, permite mirar aspectos que no son tenidos en cuenta mayoritariamente.

“Algo” no va más…

Aprender con dolor es una constante en la vida humana. Claro… no es la única. Se aprende alimentando nuestra mente y dejando obrar a nuestra Alma, asi operan mejores ideas con idénticos sentimientos. Y además todo esto envuelto con poder moral. Es imposible no salir airoso de la crisis.

¿Quién no pateo la misma piedra más de una vez? Aunque la mayoría de las veces no resultó muy rentable socialmente, encontrar culpables, cuando se los ubicó.

El poder moral facilita el coraje y expande el camino hacia la victoria.

Se construye con valores simples y naturales, aquellos que distinguen la vida buena y sana. Además, quién se viste moralmente del poder, no ostenta, no confunde y no es incompetente con el éxito, es más lo optimiza. Quien ejerce el poder moral tiene claridad, es transparente, decidido y dispuesto al diálogo. Abierto y flexible.

Entramos en una zona de “parto” social. Muy parecido a dar a luz en la intemperie, solita (la sociedad) sin el afecto y compañía necesarios. Típico del comportamiento de papá guacho… aquel que solo quiere a su lado, a quienes asienten y obedecen.

Es evidente la necesidad de un mejoramiento en el diálogo social y político. El altruismo está ausente en todos los sectores. Es imposible reunir soluciones, sin consenso y con los otros. La crisis no reconoce tipos ni sectores. Da igual si todos alimentan su virulencia.

El poder moral nace con la ética. Y esta es concebida con la Verdad.

Si la verdad esta ausente, no hay poder moral. Asi… de simple.

Sin poder moral, todas las batallas son a puro forcejeo. Todo cuesta más. No importa disponer de una mayor cantidad de soldados o más capacidad económica.

La realidad es un escenario formado por fuerzas en tensión.

Gana el más fuerte, la tarea colectiva con mayor inteligencia, quien tiene la mejor estrategia.

El poder moral se recrea y retroalimenta a si mismo incesante y crecientemente. Por sus obras, por sus metas, por sus logros en el camino hacia el progreso y el bienestar.

Los próximos días serán pequeñas muestras de la oferta venidera. Hasta la próxima. Juan Báez.

Reflexiones

La editorial de esta semana está ocupada por la reflexión que publica el diario Los Andes de Mendoza. Todos queremos ver claro el futuro y es un derecho legítimo. Es importante escuchar/leer a los hombres claros y de visión independiente. Toda crisis es una oportunidad. Como nota líder publicamos las reflexiones del hombre más rico de América del Sur. Un hombre comprometido con su México querido que tomó la iniciativa de hacer sugerencias a sus empleados. Para tener en cuenta. Cabe señalar que aceptamos la sugerencia de un lector de aristotelizar.com

Es útil participar y no esconder la pelota, como el clásico gordito del barrio en nuestra infancia… se llevaba la pelota, impidiéndonos jugar. Este es el papel de banqueros y políticos. Crear las condiciones para que el trabajo se expanda arrinconando la inseguridad y la pobreza. Con más de esto último, la crisis será mas dolorosa y tal vez dure más. Hasta la próxima. Juan Báez


Pensando la nación de los argentinos

Dos pensadores argentinos con concepciones ideológicas y políticas diferentes -a los cuales los une su común amor por la Patria y el dolor por su sufrimiento- reflexionan en exclusividad con nuestros lectores sobre los males nacionales, desde una visión estratégica. Con profundidad y simpleza a la vez.

Gobernar la Argentina

Por Abel Posse - Diplomático y escritor -Especial para Los Andes

Las grandes preguntas que debemos formularnos para salir de la anarquía en la que los argentinos solemos caer una y otra vez por nuestra propensión a vivir sin normas propias y a negar las ajenas.

Nos hemos adecuado a la idea de que es imposible gobernarnos. Este hecho, ante nuestra inoperancia administrativa y las cualidades indudables de este país pletórico de dones, se torna doblemente frustrante y dramático.

Somos más o menos el lelo del pueblo que ganó en la rifa una Ferrari Testa Rossa y no sabe ponerla en marcha. Con dictaduras o democracias la constante es como la que hoy vivimos: el gobierno, su ineptitud, corrupción y falta de sentido común, desacredita al país y crea esa paradójica situación que vivimos: tenemos todo y no podemos vivir con seguridad y confianza -vectores decisivos en un Estado de derecho-.

Menos podemos ya reclamar alguna confianza del exterior: somos malos pagadores (“solucionamos” nuestra negociación por la deuda en default pagando treinta centavos por dólar recibido y dejando sin solucionar 25.000 millones de dólares de acreedores enfurecidos. En nuestro curioso delirio de irrealidad lo hemos considerado un clamoroso éxito del cual se jacta el matrimonio autócrata).

Lo cierto es que hoy, en los finales de 2008, la Argentina carece de toda posibilidad de crédito que no sea más allá del imposible límite del 22 por ciento.

¿Cómo podemos entronizar dirigentes con tan bajo nivel cultural y moral?

¿No será el pueblo mismo un enfermo que produce su propia enfermedad política?

¿Qué responsabilidad tiene el mayoritario y constante peronismo en esta producción de gente disparatada?

Perón en vida controló los desbordes desde su presidencialismo autoritario. Muerto Perón, los caciquejos del peronismo heredaron lo peor, pero no el talento y los límites que tuvo Perón ante la violencia y el desatino.

Si el pueblo argentino vive hoy en todas sus clases, edades y profesiones una patología secreta, de país que perdió la brújula y la fe, ¿qué se puede expresar de sus expresiones políticas, económicas y sociales?

Hoy prevalece una peligrosa anarquía. El resentimiento y el odio se van imponiendo. O nos convocamos con orgullo, coraje y determinación para frenar la anarquía y reconstruir las instituciones o no tendremos otra salida que la peor: la catástrofe. Como escribió Raymond Aron, “o los hombres cambian o la catástrofe cambiará a los hombres”.

Estamos a tiempo todavía de actuar con urgencia por el buen camino.

Estamos en tiempo todavía de reencontrarlo.

Podemos decir que el gobierno K ya no tiene la mayoría en la opinión, pero las consecuencias de la anomia y la falta de vigencia del estado de derecho convocan a una nueva generación política a encontrar respuestas.

Incluso la división dentro del partido gobernante lleva a que los dirigentes más calificados del movimiento estén abocados a esa tarea de reconstrucción.

Pero sin dudas el panorama de de-construcción institucional (como diría Derrida) y la alarmante caída del orden público en todos los planos nos obligan a preguntarnos:

¿Qué cantidad de poder necesitamos en Argentina?

¿Cómo reconducir desde el poder la indisciplina, la desjerarquización, el caos escolar, la realidad de un millón y medio de jóvenes a la deriva, fuera del orden familiar, de la escolaridad, del trabajo y enfrentados con la nada existencial, la delincuencia y la droga?

¿Cómo reconquistar el espacio del disminuido orden judicial?

El delito y los crímenes son una versión actualizada de La guerra del cerdo de Bioy Casares. Pero esta vez no son adolescentes en rebeldía contra una sociedad dominada por los viejos, sino niños y adolescentes drogados que matan porque sí, en la alteración de sus facultades. Más allá del bien y del mal, en la Nada.

La inhibición y descalificación del poder policial unido a la burocracia judicial que protege al menor delincuente equivocadamente devolviéndole en horas al mismo medio donde engendró y ejecutó su crimen, pone a los argentinos en una situación de insólita desprotección, que los políticos parecen no querer dramatizar.

Seguramente porque el poder en nuestra democracia es irrisorio ante la magnitud del desafío de reconducirnos desde el caos.

Publicado en Diario Los Andes - Ver nota original