Cuatro atributos: Racionalidad, Sinceridad, Sensibilidad y Responsabilidad (**)
“Hablemos con transparencia y nos vamos a entender…” fue la expresión de la Presidente en el complejo Parque Norte, sosteniendo su discurso en los cuatro atributos que rubrican el título de la editorial.
Si en esta circunstancia conflictiva estuviesen presentes Carl Jung o Albert Einstein, dirían que el evento puede superarse, siempre y cuando, cada parte participe desde una actitud altruista, posicionados en la máxima comprensión, generosidad y buena voluntad.
Esta postura abraza íntegramente el primer atributo: racionalidad.
Refuerzo la apuesta. Hay como mínimo dos décadas de demanda sostenida de los países importadores de cereales y subproductos agropecuarios. Más aún, si las inclemencias del cambio climático producen mayor desertificación o inundación de tierras fértiles.
Esta es la primera gran realidad: el mundo compra cada vez mayor cantidad de alimentos.
Hay 20 años de mercado, como mínimo, por delante, por lo que vale la pena, ante tamaña oportunidad, agotar esfuerzos inteligentes para alcanzar el mejor acuerdo, haciendo ganar a todos con un convenio-marco que neutralice obstáculos, que impidan la realización de los objetivos individuales y del conjunto.
Esta real oportunidad obliga a las partes a actuar con los otros tres atributos, al más óptimo nivel factible. Sí, con sinceridad, sensibilidad y responsabilidad.
Todos pueden asegurarse ingresos, según las pautas de un programa organizado al máximo detalle.
Muy pocos países disponen de tan importante ocasión.
Es preciso definir las condiciones particulares de la oferta según la notable demanda global, teniendo en cuenta aspectos potenciales de conflicto, que tengan influencia y afecten la calidad de beneficios o la renta establecida, según el volumen o precio de los productos.
Asimismo, será conveniente analizar otros factores que jugarán a favor o en contra del negocio, con el fin de evitar especulaciones y controversias propias del mundo de las relaciones comerciales, donde la codicia y la avaricia tienen su espacio.
Con una equitativa y mejor distribución de beneficios, se fortalecerá la interrelación de partes, y se ampliará el espectro de favorecidos al mayor número de habitantes de la nación.
Más bienestar social y mejor seguridad.
Las diferencias más importantes entre los sectores pueden provenir de la renta de uno sobre otro. Quizás, fuera conveniente porcentualizar los ingresos de cada uno, según cómo se desarrolle el negocio; en especial, sabiendo que los mercados son dinámicos y la aparición de novedades puede crear desequilibrios que alteren la relación entre partes. También sería idóneo prever un índice de valor de cambio diferente al dólar, por si esta moneda tiene una caída importante en su valoración.
Porcentualizar beneficios originariamente convenidos permitirá absorber con comodidad y equilibrio las oscilaciones de precios o costos, hacia arriba o abajo, y cualquier otro ajuste que marque sustantivas diferencias en el orden suscripto.
Este rubro de negocios, a partir de esta discusión pública, tal vez inaugure una época de mayor transparencia en el mundo de los negocios, en particular porque la información se filtra cada día más en todos los niveles y en todas latitudes. Sólo en cuestión de minutos, la información circula en todo el mundo. Y particularmente atendiendo al tipo de bienes que se transan y que corresponden a la satisfacción de una necesidad básica de la población.
Esta situación es necesario tenerla presente y en cuenta.
Cada vez tiene mayor importancia estratégica.
La globalización e Internet han cambiado las reglas de juego.
Y, más todavía, en rubros tan singulares como el de los granos y subproductos.
En síntesis, los argentinos asistimos a una oportunidad única e histórica. Tenemos una coyuntura increíblemente favorable y vital para organizar un plan de crecimiento social y económico formidable.
Primero: el gobierno puede prever ingresos elevados y constantes, y a la vez promover diversas actividades –entre otras acciones- para apuntalar el progreso económico de las cadenas de valor involucradas.
Segundo: el sector productor puede optimizar su producción y ampliarla hasta límites que faciliten el cumplimiento y expansión de los mercados.
Tercero: el sector exportador, al tener asegurada la disponibilidad de productos, puede monitorear la demanda, buscando las mejores opciones para facilitar la integración de tareas de los otros sectores del trinomio productivo. Es preciso hacerlo con inteligencia para evitar males mayores. Por ejemplo, firmar un contrato de mediano y largo plazo entre las partes, para garantizar la factibilidad comercial, definiendo roles, funciones y exigencias reciprocas.
Hasta la próxima.
* Además del gobierno y los productores del agro, el otro sector determinante en cuestión es el exportador. Son los tres actores.
(**) Referencia manifestada en el acto realizado en el Parque Norte el día 27 de marzo de 2008.
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