Escribo estas líneas sabiendo que las elecciones nacionales han concluido y que las cifras oficiales se conocerán con el devenir de las horas, en cada distrito. Según las encuestas a boca de urna no habrá ballottage, por lo tanto más de la mitad de los argentinos tendrán que dirigir su atención hacia otra oportunidad.
Como nunca antes proliferaron múltiples hechos y situaciones “atípicas” durante el proceso electoral, que si las vemos como piedras en el camino, son para erradicarlas o continuaran obstruyendo el camino hacia la democracia plena. Falta de fiscales, boletas faltantes (a mi me pasó, en mi mesa).
Sin dudas aún nos falta madurar conductas y comportamientos que nos permitan tener chapa de nación adulta y democrática.
En las próximas elecciones será muy bueno tener menos partidos y conocer sus planes de gobierno y las ideas que trabajan para resolver los temas pendientes y abrir nuevos surcos de progreso y bienestar.
La reforma política para organizar la vida política es indispensable.
Es necesario reunir a todas las ideas y experiencias de todos los sectores para concluir en una propuesta inclusiva de la mayor cantidad de opciones, y permitiendo ensayar la máxima participación social. Hasta ahora las organizaciones sociales no tienen derecho a participar en elecciones.
Si un gobierno no es acompañado legítimamente por la voluntad civil y la inteligencia ciudadana, difícilmente podrá superar con sobresaliente su gestión y recibirá permanente embates y manoseos.
En urgente y necesario trabajar en la construcción de espacios de reflexión y pensamiento, para trabajar en la producción de iniciativas que contribuyan al empoderamiento de la sociedad civil, aumentando la participación ciudadana y creando condiciones para optimizar la transparencia en todos los ámbitos gubernamentales.
La invitación es clara: basta de lamentarnos y manos a la obra.
Colocar en nuestra agenda de trabajo: La política, por su influencia en la opinión pública y en el electorado difícil de movilizar. Cuantificar evidencias sobre los resultados de políticas públicas, con espíritu democrático buscar a través del respeto, una mayor responsabilidad, mejor vocación de servicio, como sustento de la pluralidad y tolerancia imprescindibles para optimizar la libertad emprendedora del individuo y de la sociedad.
La confianza del pueblo, exige resultados de mejor calidad.
Actualmente, estamos en momentos de definir lo que queremos como país y el camino para lograrlo. Nuestra nación necesita que los gobernantes y titulares de las instituciones públicas se comprometan frente a la ciudadanía en lograr metas que fortalezcan la calidad de vida civil.
Esta tremenda desconfianza nace por la ausencia de resultados de calidad. La sospecha del fraude esta instalada desde antes del comicio.
A los ciudadanos no nos interesa saber cuántos policías se contratan. Lo que queremos es poder caminar seguros en las nuestras calles, vivir sin miedo y poder desarrollar nuestras capacidades en plena libertad. Queremos resultados. Asi de simple.
La respuesta típica que los políticos dan a estas demandas ciudadanas, siempre tienen que ver con aumentar el gasto público, endeudar el erario público, engrosar los códigos con leyes ineficientes, etc.
Pero hasta ahora nadie se comprometió a dar resultados.
1) El requerimiento de los representantes para dar respuestas a los representados sobre el cumplimiento de sus poderes y deberes.
2) La respuesta a la crítica y a las demandas que se les hagan.
3) El deber de afrontar sus responsabilidades por errores, incompetencia o engaño.
Las deficiencias en la rendición de cuentas por parte del poder público, así como la escasez de instancias de participación y de control ciudadano, limitan la construcción de un esquema eficaz de seguimiento y de evaluación de los alcances y logros de las metas propuestas. Esto propicia la discrecionalidad en la realización de programas, la pobreza de resultados y un problema cuyo combate es una tarea primordial: la corrupción y la impunidad.
Hasta la próxima.
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