¿Pacto o Disciplina Social…?

p. Roberto F. Bertossi¹

Cristina Fernández de Kirchner, cuando diseñó el orden del día de su  convocatoria presidencial para considerar un proyecto inicial de pacto social muy probablemente no dispuso de todas las variables. Quizá e inadvertidamente, prevaleció la ilusión de garantizar la paz y encontrar una ideal y espontánea disciplina social para una cómoda, tranquila y exitosa primera –bienvenida- administración nacional femenina.

Respecto del pacto social, se dijo: “Lo defino como un acuerdo de carácter estructural en el cual se definan metas, objetivos cuantificables y verificables, siempre basado en este modelo. Con acuerdos sectoriales porque no se puede hacer lo que se hizo en el pacto Gelbard, en 1973, referido nada más que a precios y salarios. No es ésta la idea que tenemos. Y luego de ese acuerdo estructural global, ir sectorialmente sobre cada actividad, porque no son las mismas necesidades ni posibilidades las de cada sector”  como apuntó recientemente nuestra presidenta.

Si bien un pacto de esta naturaleza no puede incluir sólo salarios y precios, obviamente  tampoco se debe subestimarlos ni excluirlos en tanto son lubricantes esenciales no contingentes para la convivencia y el desarrollo humano.

Un pacto social del alcance y significado insinuado no debe excluir ninguna variable ni siquiera aquellas provenientes de las derivaciones socioeconómicas implícitas en integraciones supranacionales y/o regionales actuales y futuras.

Un buen punto de partida será evaluar profundamente la convivencia  actual, sus índices de violencia, desempleo, trabajo indecente, desigualdad, inflación, corrupción, exclusión, etcéteras; aspectos centrales que nos debe determinar a todos en orden a encontrar una “cofia ciudadana” cívica, social, económica y política.

Tenemos que encontrar mecanismos de autocontrol social, complementarios y cooperativos que nos permitan finalmente dejar atrás tanta contumacia autóctona.

Ya basta de diceres y dicterios que más o menos, solapadamente, descalifican cualquier discrepancia; ya basta de contradictorias concupiscencias si verdaderamente pretendemos solidaridades sociales y afinidades homogéneas, sin intermitencias ni brillantinas propias de posiciones dogmáticas.

No hay atajos y resulta inadmisible que ninguna eficiente administración pueda considerar “populistamente” a este país Vg., como cóncavo ante la fecunda evidencia de la Región Centro corporizada por Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos sin perjuicio, claro está de los esfuerzos, contribuciones y sacrificios compartidos para alcanzar un crecimiento argentino y población territorial armónicos promoviendo políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar cualquier desigual desarrollo relativo de municipios, comunas, provincias y regiones.

Así, entonces, si el marco dentro del cual quiere gobernar la electa presidenta Cristina Fernández de Kirchner conserva el título de “El Pacto Social” no bastará reunir –ni excluir- solo a los ítems precios y salarios sino que deberemos ir, gradual y paulatinamente mucho más lejos con un mirada sin limites -siquiera de mediano y largo plazos-, incorporando a dicho pacto las necesidades físicas básicas de todos los argentinos, los servicios esenciales, la infraestructura, la innovación, la educación permanente, la tranquilidad del orden, la seguridad general y jurídica en particular y una prudente integración internacional sin prejuicios.

Respecto a esto último, “el concubinato venezolano”¹ donde somos meros consignatarios y vecinos lejanos, es la contracara de un fracaso diplomático con nuestro contiguo Uruguay al que históricamente le debemos mucho y con el que resulta presuroso encontrar una solución diplomática ecléctica, ecológicamente sustentable que permita contener, articular y mancomunar recursos naturales y energías ciudadanas mediante una cultura de la satisfacción que impida simultáneamente toda posibilidad de contagio, cuanto menos, ciertas antipatía y nos reencuentre en la hermosa y secular contertulia subcontinental.

La tensión actual genera tensiones burbujeantes que pueden traducirse en virulentas animadversiones anonadantes que podrían hasta anquilosar la espléndida convivencia rioplatense de la que todos, de uno u otro modo estábamos orgullosos.

En esa perspectiva y, no solo con el Uruguay, tenemos que aprender a adaptarnos dignamente, un arte admirable para todo logro porque toda semejanza atrae simpatías favoreciendo y facilitando soluciones y cercanías particularmente cuando la pugna se plantea entre dos pueblos hospitalarios que sobresalen en el oeste de América del Sur  asomándose como pocos a un atlántico global.

Como podrá advertirse y partiendo de una creciente e irreversible interacción mundial con repercusiones socioeconómicas inmediatas, la pertinacia del convite internacional no puede siquiera parecer extraño ni ajeno a un pacto social que pretendemos y proponemos sin fisuras, intersticios ni grietas vulnerables.
De tal manera entonces, las metodologías en situaciones de conflicto y las ventajas de la cooperación frente a la confrontación en el marco de una diplomacia estratégica y posmoderna deben ser consideradas más seria y apropiadamente para disuadir cualquier atisbo de convulsión social, para prevenir hipótesis de conflicto de mayor absurdo y gravedad que “roces recientes” entre pueblos hermanados por tradiciones, historias, cultura, parentescos, inversiones y todo lo que favorece y facilita tan bella vecindad sintetizada porque no, en los muy queridos Julio Sosa, China Zorrilla como en los millares de argentinos que pacíficamente pasean, descansan e invierten en Uruguay.
Seguramente plasmar estas propuestas permitirá condensar y “condolernos” con fraternal reciprocidad para reencontrar la “estela conductiva” de proa  que nos permita “huellar” nuestro camino olvidando complicados-oscilantes  péndulos y columpios vernáculos que sólo distraen hasta el despilfarro, eficacia, energías, recursos, tiempo, progreso espantando simultáneamente a la más seria consideración interna y externa.

El Pacto Social será reflejar y asegurar la supremacía constitucional de declaraciones, derechos, garantías, desarrollo humano y bienestar general en un concierto nacional capaz de concatenar conceptos y determinaciones en términos de políticas de Estado sin alterar ni enardecer el contrato social argentino o, … no será!

Porque no se dude, ni abrá pacto social con ninguneos e injustas asimetrías como tampoco, nada que impida o limite que un cabal, leal y simétrico pacto social pueda sentarnos finalmente a una enorme y hermosa “mesa común” cuando estamos en presencia de alguien como Doña Cristina Fernández que puede ser buena anfitriona, “apacentando, apaciguando, incentivando y promoviendo la ciudadanía, acentuando todo énfasis en su fruición natural, humana y Argentina”.

¹Entre otras irregularidades de “valijas diplomáticas, etc.”, es toda una pena que desde nuestra mas alta investidura nacional se haya saludado y felicitado a Chávez en lugar de haber tenido gesto tal con el admirable pueblo venezolano que dijo sí a la democracia, sí a la república y no a las “reelecciones ad vital” pretendidas más o menos explícitamente en la región.

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